Se alardea el llamado “derecho” de la madre de MATAR a su HIJO. ¿Y el derecho – ese sí verdadero – de su hijo de VIVIR?

Cuando aún en el vientre materno, el hijo debería esperar – precisamente de la madre – amor sin límites. Pero, al practicar el aborto, ella transforma la palabra amor en la palabra muerte.

El médico – cuya misión es garantizar la vida – se transforma en el instrumento de esa muerte.

Y el Estado, que debería castigar a los criminales que levantan la mano contra la vida del nonato, le niega el derecho de vivir.

El aborto contradice profundamente la naturaleza humana. Es un desorden fundamental que va contra el principio moral básico que nos manda respetar la vida de nuestros semejantes.

Debemos cumplir con el deber sagrado de proclamar, con toda valentía, que defendemos la vida del nonato. Debemos luchar contrala cobardía del aborto.

Logrando evitar que se eliminen las vidas de los niños dentro del seno de sus madres –  asesinados por “especialistas” sin conciencia – seremos ricamente pagados por  haber expuesto y defendido con palabras claras la Ley de Dios y las enseñanzas de la Iglesia.

¡Mucho mejor será si evitamos la muerte de todos los seres humanos que están en el vientre materno!

Es lo que debemos conseguir votando en el plebiscito contra cualquier ley que quiera dar libre curso al aborto. 

¡Que la Santísima Virgen, Madre del Verbo Encarnado y Madre nuestra, intervenga en el plebiscito haciendo que no pase el aborto!
(Extraído y adaptado de Acción Familia)




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