Carta al Papa de un padre de familia al que le molestó lo de conejo

Sobre 2Querido Papa Francisco: 

Hace poco llamaste por teléfono a un miembro del Opus Dei diciendo campechanamente que quien le llamaba era Francisco. Basándose en esa misma familiaridad con que quieres que te tratemos, me atrevo a escribirte con total sinceridad. 

Soy padre de familia numerosa, tengo 14 hijos y mi esposa es feliz con ellos. Algunos la denominaron ya anteriormente una “coneja” y lo decían de forma despectiva, cosa que a ella y a mí nos importaba un pimiento, aunque nos hacía responder de forma bastante brillante que acallaba a nuestros interlocutores. 

Puede ser que fueran palabras inspiradas por el Espíritu Santo, vete tú a saber. Soy Cursillista de Cristiandad y una vez otro hermano cursillista en un precioso pueblo  de Cataluña que se llama La Bajol nos dijo en tono de broma “¿Es que a vosotros no os gusta la tele?” Yo le respondí, también de forma humorística: “Nos gusta, pero lo que no sabemos es si a ti te gusta tu mujer”.

Se quedó un poco parado y silencioso y se fue a dormir. Cosas del directo. 

Ahora leo que en el avión de Manila a Roma has dicho que “para ser buen católico no hay que tener hijos como si fueran conejos”. Lo suscribo totalmente aunque opino que  a veces hablas demasiado. Ese es mi punto de vista libre de expresar, tanto como el tuyo cuando no hablas ex cátedra. 

Mis 14 hijos no son conejos, querido Papa: son personas. En primer lugar todos son católicos y aman al Papa. No a Francisco sino al Papa. Uno es sacerdote, muchos son cursillistas, varios hablan inglés, muchos catalán, otros tienen diversas carreras, todos tienen muy buen humor, son grandes patriotas, hasta tengo un síndrome de Down (esos que dicen que son peligrosos para la madre y que es un cielo de tío) y hasta una funcionaria de la Generalitat, fíjate. 

Ni un solo conejo entre ellos. Mi mujer es guapísima y cuando tuvo el nº 14 estaba tan atractiva que en el hospital nos preguntaron si era el primero. 

¡Francisco: te has pasado! Tu expresión “como conejos” suena muy mal y en mi casa nos ha hecho reír bastante, ya que mis hijos están muy acostumbrarlos a escucharla, aunque del Papa no se lo esperaban. Esperaban, y mi mujer, la gran sacrificada de todos estos años, también, unas palabras de aliento, cuatro o cinco, le hubieran venido bien a la Iglesia y al mundo. 

Luego dirás que no querías decir eso. Pero lo has dicho. 

Cierro con un consejo de un padre de familia de 14 hijos que se dedica a la Oratoria: piensa antes de abrir la boca. El Kempìs dice que “aunque muchas veces te arrepentirás de haber hablado nunca te arrepentirás de haber callado”. 

Fuente: La Cigüeña de la Torre

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