19 de marzo – Día de San José

 San JoseSan José y el deseo de la perfección espiritual 

Plinio Corrêa de Oliveira
(O Legionário – 26 de marzo de 1933) 

La ignorancia religiosa en que vivimos ha producido, entre otros efectos nocivos, el de desvirtuar completamente el significado real de algunas determinaciones de la Iglesia que, cuando son mal interpretadas, son completamente estériles de frutos espirituales; y cuando son bien comprendidas, son fértiles en gracias y provechos de todo tipo. 

Es lo que sucede, por ejemplo, con relación al culto a San José, que, propuesto por la Iglesia como modelo de los jefes de familia y de los obreros, es también, por el inmenso acervo de virtudes con que fue enriquecido por la gracia, modelo ideal de todas las grandes virtudes católicas. 

La mayoría de los católicos, entretanto, no piensa seriamente en tomar a San José como su modelo. Por un lado, la inmensa santidad del padre jurídico de Jesús parece un ideal absolutamente intangible. Por otro lado, la flaqueza humana de que nos sentimos repletos, solicitada por todo tipo de inclinaciones, nos aleja de tal manera de cualquier ideal espiritual, que juzgamos ya haber hecho mucho cuando nos libramos del yugo del pecado mortal y venial, y vivimos una vida espiritual estacionaria, relativamente suave, pues se limita a la conservación del terreno conquistado, pero completamente estéril para la Iglesia y para la mayor gloria de Dios. 

La Iglesia ciertamente no pretende que sus hijos igualen en gloria y en virtud a aquél que, después de María Santísima, fue el más elevado exponente de virtudes de la humanidad. 

Por otro lado, entretanto, ella no quiere de ningún modo que limitemos nuestros horizontes espirituales a una vida piadosa banal, empequeñecida por la errónea ilusión de que sería falta de humildad aspirar a la santidad que brilló en el genio de Santo Tomás, en la combatividad de San Ignacio, en el recogimiento de Santa Teresa o en la caridad de San Francisco. 

La Iglesia desenmascara esta falsa humildad, mostrando en ella un pretexto especioso de la cobardía espiritual o una concepción orgullosa de la virtud, considerada más como fruto del esfuerzo humano que de la misericordia de Dios. Al mismo tiempo, ella se sirve del ejemplo de sus grandes santos para “levantar hacia lo alto” nuestros corazones, indicándonos que la única preocupación real de esta vida, el único problema verdaderamente importante de nuestra existencia, es la adquisición de aquella perfección espiritual, único patrimonio que conservaremos – a despecho de las crisis financieras, de las conmociones sociales y de la fragilidad de las cosas humanas – para finalmente transponer con él los propios umbrales de la eternidad.

Vida interior intensa, constante, ilimitadamente ambiciosa, en el sentido espiritual de la palabra, he ahí la grande lección que la fiesta de San José nos deja. La grandeza de la lección no debe desanimar la escasez de nuestras fuerzas, pues debemos exclamar, para darnos coraje: Omnia possum in eo que me confortat – “Todo lo puedo en Aquél que me conforta” (Fil. 4, 13).

 URUGUAY - BLOG - Rectangulo despues de las materias - 3

Convide a sus parientes y conocidos a que acompañen este blog Familia Uruguaya Cristiana. Envíeles el link del blog: http://familiauruguayacristiana.com.uy 

   Contáctenos  

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *