Hoy, como ayer, la Ostpolitik vaticana corteja a Moscú – (II)

CUBA - Imagen con cadenaContinuación de matéria anterior (I)

Declaración de La Habana: victoria del Kremlin será efímera.

Don Sviatoslav recordó que Moscú vocifera contra el notable progreso del catolicismo en Ucrania como siendo una indebida «expansión en el territorio canónico del patriarcado de Moscú».

Para el simple fiel esa posición suena como si el mundo eslavo fuese una cola cerrada donde sólo pueden existir los seguidores del patriarca y de su jefe Putin.

Recordó aún que en la «federación Rusa, hoy no tenemos ninguna posibilidad de existencia libre y legal, ni mismo en el territorio anexado de Crimea, donde somos `registrados´ según la legislación rusa y donde de hecho somos aniquilados».

Carece, pues, de toda sinceridad la firma del líder ruso en lo que se refiere al «inaceptable uso de medios desleales para incitar a los creyentes a pasar de una Iglesia a otra, negando su libertad religiosa o sus tradiciones» (No 24).

El arzobispo mayor ucraniano observó que el No 26, sobre la agresión rusa a Ucrania, da «la impresión de que el patriarcado de Moscú se niega obstinadamente a admitir que es una parte del conflicto, es decir, que apoya abiertamente a la agresión de Rusia contra Ucrania».

Don Sviatoslav subrayó que Ucrania sufre «una agresión externa de un Estado fronterizo

«hoy es ampliamente reconocido que si Rusia no enviase soldados al suelo ucraniano y no les suministrase armas pesadas, y que si la Iglesia ortodoxa rusa, en lugar de bendecir la idea de un  Russkiy Mir (un «mundo ruso»), apoyase a Ucrania en el esfuerzo para consolidar las propias fronteras, no habría ni anexión de Crimea ni guerra».

El arzobispo mostró también la falsedad del convite de «abstenerse de participar en el conflicto y no apoyar ulteriores desarrollos del mismo».

Según él, «me recuerda mucho las acusaciones del metropolita Hilarion, que ataca las posiciones de  los `ucranianos cismáticos y uniatas´; prácticamente nos acusa de que somos nosotros la causa de la guerra en Ucrania oriental y, al mismo tiempo, califica nuestra posición cívica, basada en la doctrina social de la Iglesia Católica, como apoyo a una sola de las `partes que participan en el conflicto´ «.

CUBA - Mons. SviatoslavEl jefe del rito grecocatólico insistió ee subrayar con voz alta y clara: «Nunca estuvimos del lado del agresor; al contrario, permanecimos junto a nuestra gente cuando estaba en la Plaza Maidan y cuando era asesinado pelos autores del ´Russkiy Mir´.

«Nuestros sacerdotes nunca tomaron las armas, al contrario de lo que sucedió del otro lado.

«Hoy más que nunca las circunstancias son tales que nuestra nación no tiene otra protección y refugio que su Iglesia. La conciencia pastoral nos apela a ser la voz del pueblo, inclusive cuando esa voz no es oída o es ignorada por los líderes religiosos de las Iglesias de hoy en día.

«Sin duda, este texto causó una profunda decepción entre muchos fieles de nuestra Iglesia y entre los ciudadanos conscientes de Ucrania. Muchos entraron en contacto conmigo y me dijeron que se sienten traicionados por el Vaticano.

«Comprendo ciertamente esos sentimientos, prosiguió. Sin embargo, doy coraje a nuestros fieles para que no dramaticen esa declaración y no exageren su importancia para la vida de la Iglesia. Hemos experimentado declaraciones similares y sobreviviremos también a ésta.

«Nuestra unidad y plena comunión con el Santo Padre, el sucesor de Pedro, no es el resultado de un acuerdo político o de un compromiso diplomático. Esa unidad y comunión con el Pedro de hoy es una cuestión de fe.

«Al Papa Francisco y a cada uno de nosotros, Cristo, en el Evangelio de Lucas, dice: `¡Simón, Simón! He aquí que Satanás te reclamó para cernirte como trigo; pero yo rogué por ti, para que tu confianza no desfallezca; y tu, a tu vez, confirma a tus hermanos´.

«Es por esta unidad con la Sede Apostólica que dieron sus vidas, en el siglo XX, los mártires y los confesores de la fe de nuestra Iglesia, sellándola con su sangre. Esta piedra de Cristo, el Señor la convertirá en la piedra angular del futuro de todos los cristianos. Y será `una maravilla para nuestros ojos´».

A su vez, el Nuncio vaticano en Kiev, arzobispo Claudio Gurerotti, a pesar de ser tenido como un diplomático de la línea de la Ostpolitik favorable a la aproximación con el comunismo, habló el 13 de febrero en Kiev, un día después del encuentro en la isla prisión, como registró el vaticanista Sandro Magister.

El Nuncio reconoció que existe una voz corriente en el país: «Pero también Judas besó a Jesús y al final lo traicionó». Y agregó «que muchos sufrieron en estos días por muchas razones». Él pidió a los fieles que olviden el Documento de La Habana.

CUBA - MiroslavMyroslav Marynovych, vice rector de la Universidad Católica de Lviv, cofundador de la Amnistía Internacional Ucraniana, miembro fundador del Ucrainian Helsinki Group y ex prisionero político, destacó que la diplomacia vaticana tal vez esté cantando victoria, notició la agencia Euromaidanpress.

Pero personas como él, educadas en la duplicidad de la ideología comunista y curadas de espato con el cinismo de la ideología del «mundo ruso», no caen en el juego de las palabras. Para esas personas, el Documento no es más que un artificio moscovita.

Según el vice rector, queda claro que los párrafos relativos a Ucrania fueron redactados en el Kremlin, pues repiten literalmente slogans gastados sobre el «conflicto» y los católicos «uniatas» son menospreciados como siendo «cismáticos».

No hay una palabra siquiera sobre el envolvimiento de Rusia en la guerra. Este punto fue exigido por el metropolita Hiarion y fue aceptado por la diplomacia vaticana, hasta eventualmente por el Papa.

Según el vice rector de la Universidad Católica, en el deseo de no irritar a Moscú, el Vaticano acabó dando luz verde a la persecución contra la Iglesia católica en Crimea, a la destrucción física de los pastores protestantes, a la persecución a los cismáticos disidentes del patriarcado de Moscú, a los grupos que denuncian la violación maciza de los derechos humanos en los territorios ocupados por Rusia y hasta a la minoría étnica tártara de Crimea.

Por eso, concluye, la diplomacia vaticana «dejó de lado la verdad, en beneficio de un efímero `diálogo con Moscú´». 

«La Declaración de Cuba es una innegable victoria del Kremlin y de la policía política FSB, actuando conjuntamente con sus obedientes súbditos de la Iglesia Ortodoxa Rusa».

Fuente: Flagelo russo

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