Argentina está chocada por los gestos políticos del Papa Francisco – (3)

ARGENTINA - FI con Mons Sanchez OrondoContinuación de la materia anterior: «Argentina está chocada por los gestos políticos del Papa Francisco – (2)»

El impacto de la revelación del caso de Margarita aún no se había apagado cuando la prensa internacional divulgó que en una reunión con los obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) el Papa Francisco dijo que en algunos países de América del Sur está habiendo «un golpe de estado blanco».

Él manifestó preocupación con los «conflictos sociales, económicos y políticos» en Venezuela, en Brasil, en Bolivia y en Argentina. [Cfr. O Dia].

La noticia fue sorprendente: en Argentina, la comparación con Venezuela fue chocante y la interpretación de la realidad del Brasil sonó como una tomada de actitud favorecedora de la propaganda internacional de PT [Partido de los Trabajadores (de izquierda)].

En seguida llegó, por terceras vías, un desmentido del Vaticano: un sacerdote amigo que habría recibido una llamada telefónica del Papa Francisco desmintiendo, etc.

La conmoción aún perduraba cuando Francisco recibió, encabezando su grupo, a la líder pro-comunista de las «Madres de la Plaza de Mayo», Hebe de Bonafini, movimiento investigado por confusos desvíos metódicos de verbas ampliamente otorgadas por la presidencia kirchnerista.

«No vine a hablar con el Papa Francisco como `Madre´. Yo le dije que en cinco meses el gobierno de Macri destruyó aquello que vivimos como pueblo feliz en los doce años anteriores. En nuestra Patria hay mucha violencia institucional y de la otra», declaró Bonafini al diario Clarín.

Según las versiones, la recepción duró «más de una hora», hasta dos, contrastando con los meros 22 minutos concedidos con desagrado al presidente Macri.

ARGENTINA - Hebe de MonafiniA la salida, Bonafini dijo a la radio Del Plata, de Buenos aires, que «el Papa me habló que está triste y que esto le hace recordar 55» (1955), año en que el dictador Perón fue destituido por un golpe militar y la sociedad quedó dividida entre peronismo y anti-peronismo.

Bonafini parafraseó la lectura de la lucha de clases de la sociedad argentina, diciendo que los «pobres» no están pudiendo pagar el pan e los «ricos» continúan comiendo «buen pan», que «eso es violencia», que el gobierno «negocia la instalación de dos bases yanquis», que diariamente 1.200 trabajadores pierden el empleo, y que profesores jubilados no pueden pagar los servicios públicos, etc.

Hebe de Bonafini también aprovechó la oportunidad para hacer una invectiva a la Justicia argentina, reclamando contra los «jueces corruptos que persiguen a Cristina y quieren prenderla».

Como testimonio de la veracidad de lo que denunciaba, dijo que «no vinimos a contar mentiras» para el Papa. Ella completó reconociendo ser verdad que el gobierno fue electo por el pueblo, «pero ciertas veces los pueblos nos equivocamos».

La comparación con la polarización después de la caída de Perón en 1955 fue en general interpretada como manifiesta exageración, y el desmentido, siempre por terceras vías, venido de Roma, no fue aceptado, dada la pluralidad de fuentes diversas que dijeron haber oído la frase del Papa.

El escritor y columnista Jorge Fernández Díaz, de La Nación, mostró elocuentemente en video que «Francisco opera políticamente en Argentina» favoreciendo al espectro izquierdista-populista de Cristina Kirchner y sus acólitos, con distorsionado partidarismo ideológico. (Conferir: «Jorge Fernández Días: Francisco opera políticamente en Argentina»).

A comienzos de junio, el diario Clarín publicó los resultados de un sondaje hecho por Management & Fit, por ocasión de los seis primeros meses del nuevo presidente.

El trabajo consultó 2.000 personas que, interrogadas sobre si creían que el Papa Francisco tiene una actitud más próxima de algún grupo político, 42,2 % optó por «su actitud es más próxima al kirchnerismo» y sólo 2,7 % «más próxima al macrismo»; los restantes se distribuyeron en genéricos «la misma para todos» o «no sabe/no contesta».

Por su parte, el Pontífice mandó devolver una donación de un millón de dólares hecha a la Fundación Scholas Occurrentes que él mismo promueve para la educación escolar católica.

El gesto fue recibido en general como una falta de respeto al gobierno del presidente Macri.

Axel Kiciloff, ex-ministro de economía de Cristina Kirchner, investigado por la Justicia, conmemoró el rechazo como un apoyo político-ideológico:

«El gobierno de Macri va en la dirección opuesta de la predicación del papa Francisco», insistiendo en que «sería raro que apoye a un gobierno que está haciendo lo contrario de su orientación en el papado… Para andar en las buenas con el Papa, [Macri] tiene que cambiar sus políticas y dejar de gobernar para los ricos», según notició  La Nación.

Fuente: Acontecendo na América Latina

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