28 de diciembre – Los Santos Inocentes: Patronos de las Familias

San Esteban quiso ser mártir y lo fue. San Juan quiso ser mártir y no lo fue. Los bienaventurados Inocentes – los niños muertos por Herodes en su tentativa de, junto con ellos, matar también el Mesías que había nacido pocos días antes – no quisieron ser mártires y lo fueron. Porque ellos no tenían voluntad y entendimiento, pero fueron mártires sin querer.


A ese respecto, Don Guéranger escribe lo siguiente:

“¿Mas quién dudará de la corona obtenida por esos niños? Preguntaréis: ¿dónde están los méritos para esa corona? ¿La bondad de Cristo sería vencida por la crueldad de Herodes? Ese rey impío pudo matar niños inocentes, y Cristo no podría coronar a aquellos que murieron por su causa?”

Siendo así, tenemos una legión de inocentes que están en el Cielo y que rezan continuamente por nosotros. Comprendemos mejor de qué manera el mundo realiza el plano salvador de Dios. Cuando se piensa profundamente en el enorme número de niños que murieron bautizados – sin ninguna culpa, que van, por lo tanto, directamente al Cielo – se comprende que son también santos inocentes.

Si tuviésemos un santo canonizado en nuestras familias, seríamos muy devotos de ellos. Ahora, ciertamente en la familia de todos existen como que santos canonizados. Eso porque en la familia de todos, o de casi todos – si no entre los hermanos, por lo menos entre primos o parientes más alejados – existen niños que murieron bautizados. Luego, están en el Cielo, donde ellos tienen toda la lucidez de un alma que está conviviendo con Dios cara a cara. Podemos entonces rezar, recomendándonos a las oraciones de ellos, que son patronos naturales de la familia.


 (Trechos de conferencia de Plinio Corrêa de Oliveira. Sin revisión del autor)

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