1o de Noviembre – Fiesta de todos los Santos

Plinio Corrêa de Oliveira

El culto a todos los Santos abarca el culto a todas las almas que están en el cielo, aunque sean almas no canonizadas, porque, en algún sentido de la palabra, cualquier alma que está en el cielo, que se haya salvado, es un alma santa. Ella está en la presencia de Dios, ve a Dios frente a frente y agrada a Dios completamente, y, naturalmente, el número de personas que están en el cielo es un número incontable.

Con esto, la Iglesia no tiene posibilidad no sólo de prestar culto adecuadamente a todos los Santos que ella canonizó, sino que, sobre todo, de prestar culto a un número enorme de almas que están en el cielo y a las que no se puede prestar un culto regular, porque, de hecho, no se sabe si se salvaron o no, pero que están en la presencia de Dios.

Por todas esas almas tenemos razones para rezar, tenemos razones para pedir la protección de ellas, pero hay, naturalmente, algunas que tienen una relación especial con nosotros, y que, si bien no nos hayan conocido en esta vida, ni nosotros las conozcamos, por esta relación que tienen con nosotros, evidentemente son intercesoras por nosotros. Vale la pena en este día uno recomendarse a estas almas.

¿Cuáles son esas almas?

Antes que nada, las almas que pertenecieron a la misma familia espiritual que nosotros, o del género de las nuestras.

Son almas hermanas de las nuestras, porque nosotros comprendemos, como ellas comprendieron, una luz especial, un esplendor que hay en colocar la fuerza al servicio de la fe y en presentar el triunfo de la fe basado en un brazo fuerte, en un ánimo aguerrido, en una disposición de sacrificar la vida, de sacrificar todo para obtener la victoria de la Iglesia.

Son almas que están en el cielo; en ellas debemos confiar.

Santa Teresita del Niño Jesús prestaba un culto encantador a sus hermanos muertos bautizados, antes del uso de razón. Ella decía que eran los santos de su familia. Su familia iba a tener una santa mucho mayor que todo esto, pero eran santos de su familia.

Todos nosotros tenemos en nuestras familias personas que murieron así, en edad prematura, y que realmente tienen esta gracia: son bautizadas y van directamente al cielo sin haber sufrido. A todos ellos debemos rezar y rezar mucho: son los santos a quienes hoy la Iglesia presta culto.

Fuente: pliniocorreadeoliveira.info

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