“2017 – Amenazas de cisma en la Iglesia y confusión universal – (III)”

 

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“2017 – Amenazas de cisma en la Iglesia y confusión universal – (II)”

“Amoris laetitia”: desacuerdo fundamental

Durante el año 2017 se multiplicaron las divisiones con respecto al documento pontificio Amoris laetitia. El cardenal Walter Brandmuller fue lapidario sobre la esencia del problema: “Quien afirma poder alguien establecer nueva unión mientras su esposa legítima todavía se encuentra viva, está excomulgada. Quien practica el adulterio, está pecando gravemente. Si alguien cree que puede contradecir el dogma definido por un Concilio General, esto se llama herejía e implica exclusión de la Iglesia “.

Para el cardenal sudafricano Wilfrid Fox Napier, Amoris laetitia aprueba la poligamia, pues “en Occidente la poligamia es sucesiva, mientras que en África ella es simultánea”; y, de acuerdo com el documento pontificio, se podría dar la comunión al polígamo y a sus varias mujeres. Con la Amoris laetitia en la mano, es posible incluso formular el sofisma de que el divorcio sería una nueva vocación o “vía de santidad” en la Iglesia, lamentó el padre Angiolo Falchum, experimentado sacerdote de la diócesis de San Miniato, en Italia.

El cardenal nigeriano John Onaiyekan lamentó que sectores de la Iglesia presionen para que los “católicos divorciados y vueltos a casar” puedan comulgar sin enmiendas de vida. La  Conferencia Episcopal polaca prohibió por unanimidad dar la Eucaristía a los “vueltos a casar”. La decisión fue la “punta de un iceberg” que apunta hacia un malestar eclesiástico silencioso, pero muy amplio.

Monseñor Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astana, en Kazajistán, ratificó que los obispos que mandan dar la Comunión a los divorciados vueltos a casar “cometen grave abuso de poder” y que los sacerdotes deben resistir y responder: “Vuestra Excelencia me ordena cometer un pecado y, no puedo, porque antes debo obedecer a Dios”. Y el Cardenal Janis Pujats, arzobispo emérito de Riga resaltó: la Amoris laetitia es demasiado liberal porque es imposible dar la comunión a quien está en estado de pecado mortal.

Sin embargo, con pleno respaldo pontificio, cardenales y obispos mandaron aplicar la Exhortación apostólica Amoris laetitia, distribuyendo la comunión a parejas adúlteras. Mientras los obispos de Malta daban la bienvenida a Amoris laetitia y mandaban apartar a seminaristas que no estaban de acuerdo con ella en ese particular, el Cardenal de Palermo, monseñor Corrado Lorefice, daba luz verde a su clero para avanzar en el sentido de la Exhortación apostólica y expulsaba de la parroquia de Romagnolo al P. Alessandro Minutella que deploraba “una Iglesia que reniega de la Cruz, que rehabilita a Lutero, que traiciona a la Eucaristía y que mira al culto mariano como algo superado”.

En el mismo sentido libertario, el cardenal Francesco Coccopalmerio, responsable de la interpretación oficial de los textos legislativos de la Santa Sede, defendió que los divorciados “vueltos a casar” no pueden ser llamados “pecadores públicos”, pudiendo recibir los sacramentos en estado de pecado, en el contexto de la Amoris laetitia. En una carta colectiva, los obispos belgas cerraron las puertas a la prohibición de dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, y las abrieron a aquellos que se encajan en el esquema de Amoris laetitia.

En julio, el presidente de la Pontificia Academia de Ciencias, Mons. Marcelo Sánchez Sorondo, conmemoró exultante el “momento mágico” en que “por primera vez el magisterio del Papa es paralelo al magisterio de la ONU”, organismo agnóstico que promueve la demolición de la familia, los crímenes de Estado contra la vida, la Ideología de Género, y promueve la creación de un orden mundial diametralmente opuesto a la civilización cristiana.

“Casamiento” homosexual disfrazado

La aplicación de Amoris laetitia redundó incluso en dar la Comunión en clima de “acogida” a las parejas sodomitas. Según el cardenal Schönborn, Arzobispo de Viena, las “segundas uniones, los divorcios, las uniones de personas del mismo sexo, todas forman parte de una nueva narrativa de la familia”. Y el programa del “Encuentro Mundial de las Familias”, marcado para 2018 en Dublín sobre Amoris laetitia, incluyó “explícita promoción de la relación homosexual como forma de familia”.

Irlanda, uno de los países más católicos del mundo, eligió en junio a un primer ministro homosexual. Influenciado por el “¿quién soy yo para juzgar?”, ese país ya había sido pionero en esa materia al reconocer, en plebiscito, el llamado “matrimonio” entre personas del mismo sexo.

En marzo, el Papa Francisco recibió en visita oficial al primer ministro de Luxemburgo y a su “marido”. En el pasado, los Papas jamás recibían una pareja mal constituida o de divorciados, pero hoy ni la etiqueta diplomática impide el mal ejemplo “más subversivo que una guerra mundial”.

Quedó sin aclaración inmediata la incursión de la Gendarmería Vaticana en una orgía homosexual a base de drogas y con la participación de eclesiásticos, en un apartamento del Palacio del antiguo Santo Oficio prestado a un cardenal. El escándalo reforzó las sospechas de que las actitudes del Vaticano favorables a los homosexuales obedezcan a la acción de un fuerte lobby de ese pecado instalado dentro de los muros sagrados.

Mientras la homosexualidad se extiende en todos los ambientes, incluso en los católicos, la Santa Sede nombra para Consultor de Comunicaciones al Padre James Martin S.J., prominente apologista de la agenda LGBT. Navegando en las mismas aguas, la Universidad Católica Notre Dame (Estados Unidos), concedió su más alta distinción ‒ la Medalla Laetare ‒ al sacerdote Gregory Boyle, que disiente de la Iglesia, entre otras cosas, en las cuestiones del llamado “matrimonio” homosexual y de la ordenación de mujeres.

En el día de la fiesta de San Juan Bautista, martirizado por increpar la inmoralidad del rey Herodes, el Obispo de Brabante (Holanda) acogió la parada LGBT en su catedral para un “servicio ecuménico”. En Stuttgart, la parada homosexual de julio obtuvo la adhesión de la Juventud Católica, que imprimió un opúsculo guía para estimular la participación en el desfile. En junio, la Universidad Católica del Perú aprobó la “Reforma Trans”, por la que los transexuales pueden usar el baño de su preferencia, y también dio normas para “sensibilizar” a todos los profesores, estudiantes y funcionarios en materia de Ideología de Género.

Durante el funeral de Mons. Jean-Marie Benoît Bala, Obispo de Bafia (Camerún), asesinado, el Administrador Apostólico de la diócesis denunció que el crimen fue encomendado por homosexuales instalados en la Iglesia y en el clero. Órganos internacionales eclesiásticos

y civiles actuaron para silenciar la denuncia. En agosto, por primera vez en la historia, un grupo de “peregrinos homosexuales y lesbianas católicos” extendieron una gran faja durante el Ángelus en la Plaza de San Pedro. Una pareja sodomita brasileña lo celebró: “Es un gran progreso para una institución que durante la Inquisición quemaba a los homosexuales”.

Los hijos imploran el pan de la claridad y reciben la piedra

Se multiplicaron las súplicas al Sumo Pontífice para que restituyera la claridad de la enseñanza católica sobre la Eucaristía, la familia y la “moral de situación”. A la primera Filial Súplica, suscrita por más de 800 mil católicos del mundo entero, se sumó la denuncia en la que 45 teólogos y profesores apuntan las herejías y los crímenes canónicos contenidos en la Amoris laetitia.

Los cuatro cardenales que presentaron las cinco Dubia al Papa en 2016, no obtuvieron respuesta, y solicitaron en abril una audiencia al Pontífice, pero el silencio continuó pétreo e inexplicable.

El cardenal Joseph Zen, arzobispo emérito de Hong Kong, también apoyó la iniciativa de los Dubia. En febrero, la International Confraternities of Catholic Clergy, que reúne a miles de sacerdotes de lengua inglesa, pidió al Papa “una interpretación con autoridad” de Amoris laetitia en consonancia con la doctrina y la pastoral inmemorial de la Iglesia. Los sacerdotes concordaron con los Dubia. En la Casa Santa Marta, el Papa Francisco condenó en mayo a los católicos “fanáticos” por la claridad, pero no respondió a ninguno de los pedidos.

En agosto, 40 clérigos y académicos católicos entregaron al Papa Francisco la “Corrección filial de la propagación de las herejías”, en la que señalan siete errores contra la Fe contenidos en Amoris laetitia. Esas siete herejías también fueron enseñadas con “palabras, hechos y omisiones de Vuestra Santidad” – afirma el documento, que hasta noviembre obtuvo la adhesión de 250 signatarios.

En julio, el Papa Francisco removió de la Congregación para la Doctrina de la Fe al cardenal Gerhard Müller, acusado sotto voce de discrepar de la Amoris laetitia. Mons. Frederick Henry, obispo de Calgary, Canadá, se vio obligado a renunciar por ser contrario a la política pro‒LGBT en las escuelas públicas. El Arzobispo de Bruselas, Don Jozef De Kesel, prohibió la Fraternidad de los Santos Apóstoles, que se distinguía por la vida monacal tradicional y atraía muchas vocaciones.

Los monjes benedictinos de Nurcia (Italia) fueron impedidos por el obispo de reconstruir la basílica sobre la tumba de San Benito, patriarca de Europa, derribada por un terremoto. Aún en febrero, otro decreto de la Santa Sede obligó a los Franciscanos de la Inmaculada “monitoreados hace cuatro años” a entregar las propiedades que usan, pero que pertenecen a sociedades de laicos, según sentencia definitiva de la Justicia civil. El gesto fue tenido como violento, totalitario y hasta “soviético”. En los mismos días, más de 200 religiosas de la Asociación privada Lumen Dei recurrieron a la Justicia civil española para salvar su patrimonio que estaba siendo vendido por el Arzobispo de Oviedo y el Obispo de Cuenca, designados por la Santa Sede para “monitorear” una minúscula asociación de nombre parecido.

Por último, la exigencia papal de renuncia del Gran Maestre de la Orden de Malta instaló un “gran desorden bajo el cielo”, escribió el vaticanista Sandro Magister. Eclesiásticos de alto rango y del bajo clero se quejaron insistentemente de la “atmósfera de intimidación y miedo” proveniente de Santa Marta. Se ha convertido en un lugar común que en Roma: “está en curso una ‘guerra’ hecha por el espíritu del Vaticano II contra los católicos ortodoxos”.

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“2017 – Amenazas de cisma en la Iglesia y confusión universal – (IV)”

Fuente: catolicismo

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“2017 – Amenazas de cisma en la Iglesia y confusión universal – (V)”:

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