25 de Marzo – Anunciación de la Santísima Virgen y Encarnación del Verbo

El Ángelus: 
meditación al respecto de la Navidad,
eminentemente lógica y
resplandeciente de imponderables

Plinio Corrêa de Oliveira

Ángelus: En tres puntos está condensada toda la Historia de la Navidad de una forma tan sintética, breve, lógica y densa, que no se precisa agregar nada.

La oración del Ángelus es una meditación al respecto de la Navidad, hecha a través de tres puntos esenciales, con mucha brevedad. Es eminentemente lógica y bien constituida.

Entretanto, en todas las cosas de la Iglesia, por encima de una estructura lógica y coherente, resplandece un universo de imponderables de unción y sacralidad que es una verdadera belleza, y que forman un todo con esa estructura lógica y racional.

Veamos cómo es la Historia de la Navidad en el Ángelus:

1er punto: El Ángel del Señor anunció a María, y Ella concibió del Espíritu Santo;

20 punto: He aquí la Esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra;

3er punto: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

Son tres aspectos de la Navidad. El primero glorifica el mensaje angélico. el segundo, la actitud de Nuestra Señora de completa obediencia a ese mensaje.

El tercero glorifica el hecho de el Verbo no sólo haberse encarnado, sino también habitado entre nosotros.

En esos tres puntos está condensada toda la Historia de la Navidad de una forma tan sintética, breve, lógica y densa, que no de debería agregar nada.

Cada punto es seguido por la recitación de una Avemaría, que es una glorificación de la Santísima Virgen, por ese aspecto de aquella verdad que el ángel anunciaba.

Ese es el mayor heho de la Historia de la humanidad, y la mayor honra para el género humano es el Verbo haberse encarnado y habitado entre nosotros.

Por eso, se tornó hábito en la piedad católica, a la aurora, al mediodía y después al crepúsculo, recitar el Ángelus.

En las tres etapas principales del día, repetir esas verdades y alabar a la Santísima Virgen al respecto de esas verdades, y pidiéndole gracias a propósito de esas verdades.

¡Cómo es hermoso el Ángelus rezado de mañana, al mediodía y al fin del trabajo, a las 6 horas de la tarde!

Se tiene la impresión de un vitral que va cambiando de colores; el Ángelus también va cambiando de matices: como es diferente el Ángelus rezado al mediodía, cuando el ritmo del trabajo es intenso, y el Ángelus rezado al crepúsculo, cuando todo se reviste de una suavidad, de una especie de comienzo de recogimiento.

La Iglesia creó esa joya, que es el Ángelus, y la promueve en la varias horas del día, para sacar de ella toda la belleza.

Las cosas católicas son todas  construidas en la Fe, con una especie de instinto del Espíritu Santo, para hacerse bien hechas. En ellas en encuentra un mundo de harmonías.

En el Ángelus está la harmonía admirable entre la mayor clemencia, simplicidad, profundidad y conceptos, y una belleza indefinible que tiene adornos poéticos, literarios, que no entra en choque con la Fe, sino que, al contrario, son un complemente de la misma.

Imaginen que el Ángelus hubiese sido encomendado por un ministro o presidente de la República: decreto no X mil y tanto: compóngase una oración para ser recitada de mañana, al mediodía y de tarde de todos los días, todos los años, todos los siglos. Vendría una oracioncita relámpago, con una bobada cualquiera, vacía, seca. Podría aparecer todo, pero no aparecería el Ángelus.

Exactamente falta al hombre de hoy esa plenitud de espíritu por donde las cosas se ordenan en la línea de la lógica, de la coherencia, de la belleza, con tanta naturalidad, que uno ni percibe qué está atrás de eso de bien pensado, de bien sentido, de bien realizado, de bien rezado y, sobre todo, de bien creído.

Procuremos, entonces, el espíritu de la Iglesia Católica en todas las cosas de la vida. De los buenos tiempos de la Iglesia, de la tradición de la Iglesia.

Y sujetando esas cosas a un análisis racional, salen soles de adentro, salen bellezas, una después de las otras, que es, exactamente, la riqueza inagotable del espíritu católico.

Entonces, cualquier cosa simple se muestra una verdadera maravilla.

El Ángelus rezado por el campesino, por el sacerdote, por el cruzado, por el guerrero de la Reconquista Española, por el trapista: cada uno da uno de los colores de un vitral. Es tan simple, tan fácil, tan normal que, por eso mismo, es una verdadera joya.

Eso nos debe llevar a ser cada vez más devotos del Ángelus, no omitiéndolo en ninguna ocasión, recordarlo en nuestra oración matinal, recordando todo lo que existe en el Ángelus.

Fuente: ipco
(Texto de conferencia del 1o de marzo de 1965, sin revisión del autor)

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