“Cambio de paradigma”: mil años después del “Bautismo de Kiev”, el Vaticano le da las espaldas a los católicos ucranianos

Un aspecto doloroso y apocalípticamente trágico del “cambio de paradigma” emprendido por el Papa Francisco viene siendo disimulado por algunos de sus admiradores, y por artífices de la vieja política de aproximación con los gobiernos marxistas, o la Ospolitik.

Pero es señalado por los mejores entendidos de la política internacional: el dar las espaldas del Pontífice a Occidente y sus brazos extendidos al peor enemigo del orden occidental y cristiano: Rusia.

Sí, la Rusia que Nuestra Señora de Fátima indicó como el flagelo que se abatiría sobre Occidente si ésta no abandonaba el camino de las malas costumbres haciendo penitencia.

Desgraciadamente, el mundo no se corrigió y los resultados están a la vista de todos. Con innúmeras astucias, el flagelo ruso se está abatiendo convidándonos al arrepentimiento.

En un artículo de la revista Catholic Herald de Gran Bretaña (27/7/2018), el Padre Raymond J. de Souza, de la archidiócesis de Kingston, Canadá, y editor de convivium.ca, indagó si la diplomacia vaticana sería culpable de una abyecta capitulación ante Vladimir Putin.

La materia debe ser abordada con el mayor respeto. Fue tratada hasta por el vaticanista americano John Allen, simpatizante de la Ospolitik vaticana con Rusia. Allen hace aflorar críticas hasta ahora reprimidas en sectores eclesiásticos próximos al Pontífice, según el Padre de Souza.

Allen apuntó que el Papa Francisco se muestra como un aliado de Putin en Siria, donde el dueño del Kremlin es activo jefe de guerra a favor del presidente Bashar al-Assad, heredero de una vieja alianza con la Unión Soviética.

Allen también subrayó el mutismo del Pontífice ante la criticable – a la luz de la moral católica y del Derecho Internacional – invasión rusa del este de Ucrania y de la anexión de Crimea.

El posicionamiento del pontífice viene decepcionando repetidamente al Rito Greco-Católico Ucraniano, el mayor de los ritos orientales de la Iglesia, con muchos millones de miembros en Ucrania y en todo el mundo, inclusive en América Latina.

Sin embargo, recibiendo en el Vaticano una delegación de la iglesia dicha ortodoxa rusa el día 30 de mayo (2018), el Papa Francisco se alejó con el gesto y con las palabras de los fieles seguidores del Rito Greco-Católico Ucraniano.

“La euforia rusa fue comprensible, a la luz, según Magister, “del modo que Francisco abrazó las tesis del patriarcado de Moscú y, al contrario, condenó con palabras muy ásperas la posiciones de la Iglesia greco-católica“. Rito que, por otra parte, vive bajo las amenazas constantes de los jefes del Patriarcado-FSB (ex-KGB) moscovita”.

No mucho tiempo después, el 3 de julio (2018) el pontífice romano habría recibido en audiencia privada al arzobispo mayor de ese rito católico, el Arzobispo Sviatoslav Shevchuk, en la ocasión del 1.030o aniversario del “Bautismo de Kiev“.

Ese dichoso evento sucedió en 988 y fue el inicio de la conversión del tronco principal del mundo eslavo ruso.

El comunicado emitido por el Rito Greco-Católico Ucraniano después de esa reunión, “refutó sistemáticamente todos los puntos afirmados por el Papa Francisco en su encuentro con los ortodoxos rusos“, escribe el Padre de Souza.

Para los cismáticos ortodoxos rusos, el mencionado rito católico no debería existir.

La Unión Soviética ordenó aplastarlo, confiscar todos sus bienes. Condenó a los sacerdotes que no adherían al cisma, martirizó muchos de ellos, además de religiosas y laicos.

San Vladimir el Grande, se hizo bautizar en el rito católico bizantino en un lugar de Crimea. Él gobernaba todo el mundo ruso con el título de Príncipe desde Kiev. (Moscú no existía).

El cismático Patriarcado de Moscú, entidad sin legitimidad religiosa, fue fundado por los zares como una fachada religiosa que serviría a sus ambiciones políticas imperialistas.

El mismo capricho de los zares que lo creó lo extinguió pocos siglos después.

Volvió a existir en complicidad con la Revolución Bolchevique. Hoy Putin lo usa como instrumento dócil a sus intenciones hegemónicas.

Los Papas, y con ellos toda la Iglesia Católica siempre vieron a los católicos ucranianos – considerados en todos sus ritos – como los únicos auténticos representantes del cristianismo en el inmenso mundo nacido en el “Bautismo de Kiev“.

Por lo tanto, ejerciendo una influencia moral de primogénito hasta en la propia Rusia, donde existe también un rito greco-católico ruso aprobado por la Santa Sede.

El arzobispo mayor del rito greco-católico ucraniano ostenta el antiguo título de Patriarca de todas las Rusias.

No le corresponde ese título al ilegítimo Patriarcado de Moscú, que lo usurpó sin derecho y abusa de él.

Esa realidad histórica fue reafirmada el 15 de julio (2018) por el arzobispo mayor ucraniano Monseñor Shevchuk:

“El don de la Fe cristiano nos viene siendo transmitido como nuestro mayor tesoro. Hoy agradecemos Dios que la Iglesia Greco-Católica Ucraniana sea privilegiada como sucesora del Príncipe Vladimir y de su santo bautismo”.

Esa misma realidad histórica, y sobre todo religiosa, es furibundamente contestada por los cismas y disidencias turbulentas englobadas bajo el rótulo de “iglesias ortodoxas” y sus “agentes de influencia” occidentales.

El “cambio de paradigma” realizado por el Papa Francisco produjo también, y tal vez en un máximo punto, una inversión contraria a la Historia y a la Fe.

Todas las benevolencias y reconocimientos de su diplomacia van en el sentido deseado por el jefe del Kremlin.

Hoy, el flagelo del cristianismo profetizado en Fátima, es decir Rusia – capitaneado por Putin y su sierva la Iglesia Ortodoxa Rusa, o Patriarcado de Moscú – son recibidos como profundos amigos en la Santa Sede.

En sentido contrario, los fieles ucranianos católicos son tenidos como un impedimento para la alianza con el instrumento de destrucción contra la que la Santísima Virgen alertó al mundo en Fátima.

En Fátima, la Virgen dejó asentado que después de la Iglesia padecer dolorosas persecuciones, después del Santo Padre tener mucho que sufrir, después que naciones enteras desaparezcan, Rusia se convertirá.

Y para esa conversión podemos estar seguros que los sufrimientos de los católicos ucranianos, masacrados por la bota soviética, incomprendidos y perseguidos, pero siempre fieles, tendrán el efecto de una gloria y de un premio inconmensurable.

Fuente: flagelorusso

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