“Correctio filialis”: un primer balance

 

 

 

 

Roberto de Mattei

El 25 de setiembre, día siguiente a la publicación de la Correctio filialis al Papa Francisco, el portavoz de la Sala de Prensa del Vaticano, Greg Burke, desmintió irónicamente la noticia difundida por la agencia ANSA, según la cual el acceso al sitio de la Correctio habría sido bloqueado por la Santa Sede: “Imaginen sI iríamos a hacer eso por una carta con 60 nombres”.

El director de la Sala de Prensa, que juzga as iniciativas con base en el número de seguidores, puede estar interesado en saber que, ocho días después de su publicación on line, www.correctiofilialis.org tuvo más de 180.000 visitantes únicos y 330.000 páginas visitadas.

Las visitas provienen de 200 países diferentes de los cinco continentes. Italia y los Estados Unidos están adelante en el número de accesos.

Además de eso, la carta de corrección dirigida al Papa Francisco por 62 estudiosos fue firmada, hasta el 1o de octubre, por 216 teólogos, pastores, profesores y estudiosos de todas las nacionalidades, cuyas firmas pueden verse en el sitio. Se agregan a eso decenas de millares de adherentes que firmaron en el sitio oficial, o en otros sitios católicos que apoyan activamente le iniciativa, como onepeterfive.com, katholisches.info.

Guido Mocellin, en el diario  Avvenire [que pertenece a la Conferencia Episcopal Italiana] del 27 de setiembre, tuvo que admitir que en la blogostera eclesial, gracias a un “sitio moderno en seis idiomas”, las “publicaciones sobre la corrección filial dirigida al Papa Francisco `por causa de la propagación de herejías`, estuvieron más presentes en los últimos días: constituyeron 30% de todo lo que pude consultar entre el sábado 23 y el martes, 26 de setiembre.

En el caso de que se quiera permanecer en el terreno de las cifras, el número de cardenales, obispos y teólogos que se levantaron contra la Correctio, y defendiendo la Amoris laetitia es irrelevante. Hasta el cardenal más próximo al Papa Francisco, el secretario de Estado Pietro Parolin, tomó una actitud casi equidistante, declarando que “las personas que no están de acuerdo expresan su disensión, pero esas cosas deben ser fundamentadas, procurando comprenderse mutuamente”.

Lo que falta en peso, además del escaso número de opositores, es la sustancia de los argumentos con los cuales se intentó replicar a la Correctio.

 El mayor esfuerzo, con acrobacias de sofista, se debe al diputado filósofo Rocco Buttiglione, en Vaticaninsider del 3 de octubre. El pasaje central de Amoris laetitia criticado por los firmantes de la Correctio, según Buttiglione, es “una cosa absolutamente tradicional que todos estudiamos cuando niños en el catecismo de la Iglesia Católica, no solamente en aquél nuevo de S. Juan Pablo II, sino también en el antiguo de San Pio X”. Es verdad – admite Buttiglione – existe “una  imposibilidad absoluta de dar la comunión a aquellos que están en pecado mortal (y esta regla es de derecho divino, y, por lo tanto, irrevocable), pero si, debido a la falta de plena advertencia y consenso deliberado, no hay pecado mortal, la comunión puede ser dada, desde el punto de vista da la teología moral, aún a un divorciado vuelto a casar”.

Para Buttiglione, como para el teólogo de confianza del Papa Bergoglio, Mons. Víctor Manuel Fernández, el problema subyacente sería el de la “imputabilidad” de los actos. Una imputabilidad que faltaría a la gran mayoría de los convivientes more uxorio, porque las situaciones concretas en que viven atenúan su responsabilidad y, sobre todo, les tornan prácticamente imposible observar la ley del Señor. Con lo que se contradice tranquilamente al Concilio de Trento, que fulmina con anatema a quien dice que “al hombre justificado y constituido en gracia le es imposible observar los preceptos de Dios” (Denz-H, 1568). “Porque Dios no manda cosas imposibles, sino que cuando manda, advierte que hagas lo que puedas y pidas lo que no puedas, y ayuda a poder” (Denz-H, 1536).

Por otro lado, los obispos que aplican la enseñanza del Papa Francisco no se inspiran ni en el catecismo de San Pio X, ni en el nuevo de Juan Pablo II. En sus diócesis, los divorciados vueltos a casar, perfectamente conscientes de su situación, exigen la comunión, que les es concedida, según la Amoris laetitia, como un derecho legítimo

Para justificar esa práctica inmoral, se llega a falsificar el pensamiento de Santo Tomás de Aquino.

Pero un valiente moralista italiano que firmó la Correctio, padre Alfredo Morselli, mostró en el sitio messainlatino, el 3 de octubre, la imposibilidad de armonizar la Exhortación del Papa Francisco con la doctrina de Santo Tomás. El padre Morselli recuerda algunos trechos inequívocos del Doctor Angélico que afirman lo contrario del § 301 de la Amoris laetitia: “La buena intención no es suficiente para determinar la bondad de un acto: pues un acto puede ser malo en sí mismo y de ningún modo puede tornarse bueno”. (Super Sent., lib. 2 d 40 q. 1 a 2 co.).  Hay algunas [acciones humanas] que tienen una deformidad inseparablemente conexa, como la fornicación, el adulterio y otras cosas de ese género, que no pueden ser realizadas de una manera moralmente buena” (Quodlibet IX, q 2 co.).

Coherentemente con el tomismo auténtico, Mons. Fernando Ocáriz, hoy Prelado del Opus Dei, en la ocasión de un simposio promovido para celebrar los 20 años de la Humanae Vitae, recordaba que “la existencia de normas particulares de moral natural, de valor universal e incondicional, pertenece a la doctrina católica y, por lo tanto, es una verdad de fe” (Humanae Vitae 20 años después, Ediciones Ares, Milán 1989, p. 129). Entre éstas, la prohibición de la contracepción y del adulterio.

¿Cambió o cambiará la enseñanza de las Universidades de la Santa Cruz (Roma) y de Navarra, promotoras de ese simposio junto con el Instituto Juan Pablo II? La pregunta es pertinente, después de la entrevista del día 30 de setiembre a la infovaticana.com, en la cual el actual vicario del Opus Dei, Padre Mariano Fazio, censura a otros miembros de la prelatura que firmaron la Correctio, acusándolos de “escandalizar a la Iglesia entera”. La entrevista es curiosa: ni los obispos argentinos ni los malteses, que autorizan el adulterio en sus diócesis, son culpados de escandalizar a la Iglesia, pero sí los que protestan contra esos escándalos.

El Papa, según el Padre Fazio, puede ser criticado, pero en círculos privados, nunca públicamente. En la avalancha de comentarios contrarios, que sumergieron el blog de infovaticana.com hay uno que es lapidar: “¿Y San Pablo?” ¿No fue el propio San Pablo que corrigió públicamente a San Pedro (Gálatas 2: 7-14)? La franqueza apostólica de San Pablo y la humildad de Pedro, Príncipe de los Apóstoles, permanecieron desde entonces como el modelo de la justa relación entre la autoridad y aquellos que filialmente, pero no sin discernimiento, le obedecen. La fe nunca puede contradecir a la razón. Pero rehusar a pensar es confortable, sobre todo cuando el ejercicio de la razón obliga a asumir responsabilidades desagradables.

No se rehúsa a pensar uno de los firmantes más prominentes de la Correctio, el teólogo y filósofo de la ciencia, padre Alberto Strumia, que en una entrevista del 30 de setiembre a Il Giornale explicó: “La `doctrina de la Iglesia´ no fue inventada por teólogos, ni tampoco por Papas, sino que se basa en la Escrituras y está arraigada en la tradición de la Iglesia.

“El Papa está al servicio, como guardián y garantizador de esa continuidad, y no puede romperla ni siquiera veladamente, dando a entender con una redacción ambigua, que hoy se puede creer y hacer lo contrario de lo que fue enseñado hasta ahora por el Magisterio sobre cuestiones esenciales, como la doctrina de los sacramentos o de la moral familiar, con la alegación de que los tiempos cambiaron y el mundo exige una adecuación de las mismas.

Por eso, es un deber de caridad, que tiene como alcance la `salvación de las almas´, como se acostumbraba decir, así como la defensa de la dignidad del trono de Pedro y de aquél que lo ocupa, poner en relieve con el mayor respeto esta ambigüedad. […] Osar dirigir una corrección doctrinaria al Papa puede y debe ser hecho solamente cuando la verdad de la fe está en peligro y, por lo tanto, la salvación del pueblo de Dios”.

En una época de oscurecimiento de las conciencias, la Correctio filialis expresa el sensus fidei de decenas de millares de católicos que recuerdan filialmente al Pastor Supremo que la salvación de las almas es el mayor bien y que por ninguna razón del mundo se puede practicar el mal o transigir con él.

Corrispondenza romana, 04/10/2017
Fuente: abim

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