De la invasión migratoria a la guerra civil

refugiados-4Hasta los más reacios comienzan ya a abrir los ojos. Existe un plan organizado para desestabilizar Europa mediante la invasión migratoria.

El plan consistía, y sigue consistiendo, en destruir los estados nacionales y sus raíces cristianas, no para construir un superestado, sino parar crear un no estado, un horrendo vacío en el que todo lo que tenga apariencia de verdadero, de bueno o de justo desaparezca en el abismo del caos. (…)

Han pasado los años y la utopía del caos se ha transformado en la pesadilla que estamos viviendo. El proyecto de disgregación de Europa, descrito por Alberto Carosa y Guido Vignelli, se ha convertido en un fenómeno de proporciones épicas. Quien denunciaba este proyecto era tildado de profeta de desgracias. Hoy nos dicen que se trata de un proceso imparable. Que debe ser dirigido pero no se puede frenar.

Lo mismo se decía del comunismo en los años setenta y los ochenta, hasta que llegó la caída del muro de Berlín y demostró que en la historia nada es irreversible excepto la ceguera de los tontos útiles. (…)

Los centenares de millares de inmigrantes que arriban a nuestras costas no huyen de la guerra ni de la miseria. Son jóvenes que gozan de inmejorable salud, bien presentados y sin señales de heridas ni de desnutrición como las que tienen quienes proceden de donde hay guerra o hambre.

Dirigiéndose al Parlamento Europeo, el coordinador de la lucha antiterrorismo en la Unión Europea, Gilles de Kerchove, denunció una infiltración masiva del ISIS entre los inmigrantes.

Pero aunque los terroristas fuesen una minoría exigua entre ellos, todos los inmigrantes clandestinos que desembarcan en Europa son portadores de una cultura antitética a la cultura cristiana occidental.

Los inmigrantes no desean integrarse en Europa sino dominarla; si no por las armas, con el vientre de sus mujeres y de las nuestras. Dondequiera que se instalan esos grupos de jóvenes varones mahometanos, las europeas quedan encintas, se forman nuevas familias mixtas sometidas a la ley coránica, y esas nuevas familias solicitan al Estado mezquitas y subsidios económicos. Todo ello con el apoyo de los alcaldes, gobernadores provinciales y parroquias católicas.

La reacción popular es inevitable, y en países con alto influjo migratorio como Francia y Alemania se está volviendo explosiva. «Estamos al borde de una guerra civil«, ha declarado Patrick Calvar, director de la Dirección General de Seguridad del Ministerio del Interior galo.

Por su parte, el gobierno alemán ha redactado un plan de defensa civil de 69 páginas en el que se invita a la población a hacer acopio de alimentos y agua y «prepararse de modo apropiado para una eventualidad que pudiera poner en peligro nuestra existencia». (…)

La política de acogida, presentada como la religión de los puentes, opuesta a la religión de los muros, se ha convertido en el hilo conductor del pontificado de Francisco, hasta el punto de que hay quien se pregunta si no se favoreció su elección con miras a ofrecer a los artífices de la invasión migratoria el apoyo moral que necesitaban. Lo que es cierto es que hoy en día avanzan parejas la confusión en la Iglesia y en la sociedad. El caos político prepara la guerra civil, y el religioso abre la puerta a los cismas, que son una especie de guerra civil religiosa.

El Espíritu Santo, no siempre correspondido por los cardenales reunidos en cónclave, no cesa sin embargo de actuar, y nutre actualmente el sensus fidei de quienes se oponen a los proyectos destinados a demoler la Iglesia y la sociedad. La Divina Providencia no los abandonará. 

Roberto de Mattei
(Trechos)

Fuente: adelantelafe

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