Domingo de Ramos

Plinio Corrêa de Oliveira

En el Domingo de Ramos se conmemora la entrada triunfal de Nuestro Señor Jesucristo en Jerusalén.

La entrada de Jesús en Jerusalén, en el Domingo de Ramos, deja patente cuánto el pueblo Lo apreciaba incompletamente.

Lo aclamaban, es verdad, pero ¡Él merecía aclamaciones inconmensurablemente superiores, y una adoración bien diferente!

Humildemente sentado en un asno, Él pasaba por aquel pueblo, impulsando a todos al amor de Dios.

En general, las pinturas y grabados Lo presentan mirando pesaroso y casi severo a la multitud.

Para él, el interior de las almas no era secreto.

Él percibía la insuficiencia y la precariedad de aquella ovación. Su Santísima Madre percibía todo lo que pasaba, y ofrecía  a su Divino Hijo la reparación de su amor purísimo.

¡Qué requinte de gloria para Jesús!

Porque la Santísima Virgen vale incomparablemente más que todo el resto de la Creación.

Éste es el lado misterioso de la trama de los acontecimientos de la Semana Santa.

María representaba a todas las almas piadosas que, meditando en la Pasión, habrían de tener pena de Él y lamentarían no haber vivido en aquel tiempo para tomar posición a su lado.

Fuente: aparicaodelasalette

 

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