El Primado del Papa desfigurado por el Sucesor de Pedro

La impresionante rapidez con que los acontecimientos se suceden en le Iglesia lleva a pensar que eso es debido no apenas a una dinámica de aceleración histórica, sino a una elección deliberada de los agentes del caos para aumentar la desorientación y paralizar las fuerzas de aquellos que intentan resistir a la marea que avanza.

El 22 de setiembre, la Santa Sede y la República Popular China, en un comunicado conjunto, anunciaron el firmado de un acuerdoprovisorio” sobre la modalidad de nombramiento de los obispos católicos chinos. Pero el texto del acuerdo no fue publicado y no se sabe su contenido.

El obispo emérito de Hong Kong, cardenal Joseph Zen, envió a la agencia AsiaNews la siguiente declaración:

“El comunicado hace mucho esperado de la Santa Sede es una obra prima de creatividad en no decir nada con muchas palabras. El texto dice que el acuerdo es provisorio, sin decir la duración de su validez; dice que suministra evaçiacopmes periódicas sin decir cuándo será el primer plazo. Al fin y al cabo, cualquier acuerdo puede ser considerado temporario, porque una de las dos partes puede tener siempre el derecho de pedir una alteración o, inclusive, la anulación del mismo. Pero lo importante es que, si nadie pidiere para cambiar o cancelar el acuerdo, éste, a pesar de temporario, es un acuerdo en vigor. La palabra `provisorio´ no dice nada.

“El acuerdo trata del `nombramiento de los obispos´. Eso ya fue dicho muchas veces por la Santa Sede, durante mucho tiempo. Entonces, ¿cuál fue el resultado del largo esfuerzo? ¿Cuál es la respuesta a nuestra larga espera? ¡No se dice nada! ¡Es secreto! Toda la declaración remonta a estas palabras; `Hubo la firma de un acuerdo entre la Santa Sede y la República Popular China sobre el nombramiento de los obispos´. Todo el resto son palabras sin sentido. Entonces, ¿qué mensaje la Santa Sede pretende enviar a los fieles en China con esa declaración? `Confíe en nosotros, acepte lo que decidimos´(?) ¿Y qué dirá el gobierno a los católicos en China? `Obedézcanos, la Santa Sede está con nosotros (?). ¿Acepte y obedezca sin saber lo qué debe ser aceptado, lo qué tiene que obedecer?´ “

La sustancia del acuerdo debe ser ésta: los candidatos al episcopado son elegidos por la Iglesia oficial china, que es controlada por la Asociación Patriótica, emanación directa del Partido Comunista.

Pero ¿que sucederá si el Papa no concordare? El padre Bernardo Cervellera comenta sobre esa hipótesis en AsiaNews del 24 de setiembre: “Hasta ahora se hablaba de un poder de veto temporario del pontífice: el Papa es que tenía que dar las razones de su negativa en un plazo de tres meses, pero si el gobierno juzgare inconsistentes los motivos papales, continuaría con el nombramiento y consagración de su candidato. No tengo el texto del acuerdo, no sabemos si esa cláusula se mantuvo, si de hecho el Papa tendrá la palabra final sobre los nombramientos y consagraciones o si, al contrario, se reconoce su autoridad apenas formalmente“.

Si el veto fuese temporario y la última palabra perteneciese al gobierno chino, se caería en un grave error condenado por la Iglesia. Pio VII, por ejemplo, rescindió la concordata de Fontainebleau, firmada con Napoleón el 25 de enero de 1813, porque previa que, si dentro de seis meses no llegase la ratificación pontifícia, el candidato del Imperio francés sería confirmado obispo de oficio.

Pero, aunque el veto en el acuerdo con China fuese permanente, el papel del Papa se reduciría al de un simple escribano. Él se limitaría a ratificar el nombramiento y, si quisiere evitar un confronto con las autoridades políticas con las que frenéticamente procuró el acuerdo, el “veto” será la excepción, no la regla. De cualquier modo, estamos ante una repetición de la Ostpolitik de Paulo VI, que tanto daño causó a los católicos en los países del Este Europeo. 

Desgraciadamente, existe una estrecha coherencia entre el funesto acuerdo con China y la recién promulgada Constitución Apostólica Episcopalis communio, sobre la estructura del Sínodo de los Obispos, firmada por el Papa Francisco el 15 de setiembre y hecha público tres días después. Con ese documento – explica Stefania Falascano Avvenire del 18 de setiembre – “ahora se torna normativamente estable la práctica de la sinodalidad como forma del camino de la Iglesia y con ella el principio que regula las fases de este proceso: el oír. Pueblo de Dios, Colegio Episcopal, Obispo de Roma: oyendo a los otros y todos oyendo al Espíritu Santo”.

¿Cómo se cierra ese proceso de oír carismático? Los artículos 17 y 18 de la Constitución Apostólica lo explican. Las conclusiones de la Asamblea sinodal son reunidas en un Documento Final, que, después de ser aprobado por una comisión especial, “es mostrado al Romano Pontífice, que decide sobre su publicación. Si expresamente aprobado por el Romano Pontífice, el documento final participa del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro (artículo 18, § 2). Aunque el Romano Pontífice haya otorgado poder de deliberación a la Asamblea del Sínodo de acuerdo con el canon 343 del Código de Derecho Canónico, el Documento Final participa del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro, después de ratificado y promulgado por él. En ese caso, el Documento Final es publicado con la firma del Romano Pontífice junto con la de los Miembros (Artículo 18, § 3)”.

En cada caso, el documento sinodal “participa del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro”. Es confirmado el alcance magisterial de documentos como Amoris laetitia, o las conclusiones de los próximos sínodos sobre los jóvenes y la Amazonia. Pero, ¿cuál es el papel de Pedro en la elaboración de los documentos del Sínodo? Como en el caso de el nombramiento de los obispos chinos, es el papel de un simple escribano, cuya firma es necesaria para dar validez al acto, sin que él sea el autor de su contenido.

La Iglesia está a punto de tornarse una República, ni siquiera presidencial, sino apenas parlamentaria, en que el jefe de Estado tiene un mero papel de garantía de la vida política y de representante de la unidad nacional, renunciando a la misión de monarca absoluto y de legislador supremo del Romano Pontífice. Para realizar ese proyecto “democrático”, el Sucesor de Pedro usa, paradojalmente, poderes dictatoriales que no tienen nada que ver con la tradición del gobierno de la Iglesia.

Durante una conferencia de prensa para presentar el documento papal, el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los Obispos, afirmó “que la Constitución Apostólica Episcopalis Communio del Papa Francisco marca una verdadera `refundación´ del organismo sinodal”, y que “en una Iglesia sinodal, hasta el ejercicio del primado petrino podrá recibir más luz. El Papa no está solo encima de la Iglesia, sino dentro de ella como Bautizado entre los Bautizados, y dentro del Colegio de los Obispos como Obispo entre los Obispos, llamado al mismo tiempo – como Sucesor del Apóstol Pedro – a guiar la Iglesia de Roma que preside en el amor a todas las iglesias” (Vaticano Insider, 18 de setiembre de 2018).

Los teólogos fieles a la enseñanza tradicional pueden avaluar la gravedad de esas declaraciones que pretenden “refundar” y “reformar” el munus petrino. Nunca como ahora el Primado Romano fue tan negado y desfigurado, especialmente en una época en que una ola de barro parece sumergir la Esposa de Cristo.

Quien ama verdaderamente al Papado tendría el deber de denunciar esa desfiguración desde los techos. Pero parece que la conspiración del silencio no tiene relación apenas con el Papa Francisco. Incluso los obispos y los cardenales que guían a la Iglesia, confrontados con los escándalos y los errores que hoy la alcanzan, parecen repetir: “No diré una sola palabra sobre eso“.

Roberto de Mattei
Fuente: abim

 

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