El secreto de una ciudad sin divorcios

Siroki-BrijegEn estos tiempos tan decadentes en que vivimos, en los cuales todo sentimiento religioso y moral prácticamente desaparecieron, una de las instituciones más alcanzadas por la crisis es la familia, reducida desgraciadamente a andrajos.

El número de divorcios es avasallador – se calcula de casi el 50% de los casamientos de deshacen – sin hablar de las uniones ilícitas, que se tornaron hoy un hábito convencional y que se presenta como sin consecuencias.

Por eso es saludable saber que, a pesar de la malicia de los tiempos, hay una ciudad en el mundo en la cual los vínculos de la familia son tan fuertes que en ella no hay registros de divorcios.

Esa ciudad privilegiada es Siroki-Brijeg, en Bosnia, país de la Península Balcánica que formó parte de la antigua Yugoslavia en el período comunista. Sus aproximados 26.000 habitantes, de origen croata, siempre fueron aguerridos en la defensa de su fe católica, aún ante las peores adversidades.

Fue lo que sucedió, por ejemplo, durante la invasión musulmana y después, cuando el país cayó bajo las botas del ateo régimen comunista, período en que su fe fue probada de todos los modos.

Siroki-Brijeg - Frailes martirizadosEsos católicos de valor tuvieron más mártires cuando, el 7 de febrero de 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, Siroki Brijeg fue palco del salvaje martirio de 66 frailes franciscanos, muertos por los comunistas por odio a la fe católica.

A confiar en noticias de diversos sitios web católicos fidedignos, «Siroki-Brijeg es notable […] porque jamás hubo – en la memoria colectiva de todos – un solo divorcio entre los católicos croatas de la ciudad».

¿Cuál es la explicación para hecho tan notable?

Primero porque, siguiendo su profunda tradición croata, esa ciudad con casi 100% de católicos vive con mucha seriedad su fe.

Por esos sus habitantes consideran como punto de honra la defensa de la indisolubilidad conyugal y de la familia monógama formada por la unión de un hombre y una mujer – como consta en la Constitución del país – con las bendiciones de la Santa Madre Iglesia.

Entretanto, lo que da la profunda base religiosa a esa actitud es el hecho de el matrimonio ser visto como una cruz indisolublemente unida a la cruz de Cristo.

Siroki-Brijeg - Igl. de la AsuncionEso lleva a los cónyuges a encarar su unión sin romanticismo, sin una visión cinematográfica de la vida, sin falsas expectativas, en fin, sin ilusiones. Realistas, ellos saben que en este valle de lágrimas todos tienen defectos, y que no hay buen entendimiento mutuo sin el también mutuo ejercicio de la paciencia.

Es esa visión católica del matrimonio que evita la incidencia de divorcios y separaciones. En ella los cónyuges encuentran fuerza para, en la oración en común delante del Crucifijo que tienen en sus manos en la ceremonia religiosa del casamiento, ser fieles a los votos de fidelidad allí hechos.

En esa ceremonia el sacerdote bendice el Crucifijo presentado por los novios, pone sobre él la mano derecha de la novia y la mano del novio sobre la de la novia, las cubre con la estola y les dice que encontraron el «socio» ideal con el cual deben compartir sus vidas:

«¡Ustedes encontraron vuestra cruz! Se trata de una cruz que es necesario amar y llevar con ustedes en todos los días de vuestras vidas. Sabed apreciarla», les dice el sacerdote.

Besando la Cruz, los cónyuges después la entronizan en lugar de honra en sus casas, pues creen profundamente que la familia debe nacer de la Cruz.

Cuando surgen las probaciones, la incomprensiones, las desavenencias, las dificultados, tan comunes y a que todos están sujetos en este mundo, ambos van a arrodillarse ante el Crucifijo.

Y con una fe que no permite engaños, piden fuerzas para soportarlas, pues el yugo de Nuestro Señor Jesucristo «es suave, y su fardo es leve».

SirSiroki-Brijeg - Recien casadosEsa actitud es coherente con la creencia de que, siendo que ellos fundamentaron su matrimonio en la Cruz, ésta les dará fuerzas para superar las probaciones cuotidianas.

Quedan de ese modo sabiendo que, su uno de ellos abandona al otro, estará abandonando a Cristo.

Pues la experiencia les enseña que la fuente de la perseverancia por la cual ganarán la vida eterna sólo puede venir de la Cruz de Cristo, y no de otros factores o ayudas externas, cualesquiera que sean.

Viniendo los hijos, la fuerte tradición familiar les es inculcada, aprendiendo ellos desde chicos a ver con veneración el Crucifijo de la familia, y a dirigir al Crucificado sus primeras oraciones.

Y adquieren con eso coherencia para enfrentar después la vicisitudes de la vida con espíritu sobrenatural.

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