En la fiesta de María Auxiliadora, ¿qué pedirle?

 

Una razón especial para que pidamos
el auxilio de Nuestra Señora

Plinio Corrêa de Oliveira

Extracto de conferencia del 23 de mayo de 1964. Sin revisión del autor.

Cada fiesta litúrgica que ocurre en la Santa Iglesia tiene como efecto que en esa fecha los fieles pueden recibir gracias condicionadas y proporcionadas a dicha fiesta. Y proporcionada a la fiesta de hoy, ¿qué gracia podemos pedir?

Podemos pedirle a Nuestra Señora la gracia de comprender hasta qué punto Ella es Auxiliadora.

En general, lo que sucede al hombre en esa materia es, de alguna manera, reflejo de lo que decía San Francisco Javier: el pecado es un gran mal, pero peor que el pecado considerado en sí mismo, es el desánimo y la desconfianza con que el pecador queda en relación con Dios.

Ocurre que, como consecuencia difusa de las infidelidades crónicas que cargamos, de los pecados cometidos en el pasado, de la insatisfacción que tenemos hacia nosotros mismos, de todo esto resulta una especie de desconfianza crónica con relación a Nuestra Señora. Y no sólo con relación a Ella, sino también a Dios, a todos los Ángeles y Santos.

La idea equivocada que la persona se hace es esta: “Soy tan vil, pequé tanto, y además soy tan mediocre –verdaderamente no valgo nada–, que tengo miedo de aproximarme para pedir”.

Entretanto, la verdad es precisamente lo contrario: “Es porque necesito mucho, que debo pedir mucho”. Es más o menos como si un paralítico o un leproso del Evangelio, de aquellos que fueron a pedir su curación a Nuestro Señor, hiciese el siguiente raciocinio: “Estoy tan leproso, que no tengo el valor de pedir mi curación…”. ¡Entonces está claro que no se curará!

El raciocinio verdadero es: “Estoy tan necesitado de una cura, que el único medio que tengo es pedir, y por eso voy a pedir, lo que se dice pedir”.

De manera que nuestras miserias son una razón especial para pedir. Y es la compenetración con esta verdad lo que debe dar a nuestra vida espiritual aquella unción, aquella suavidad propia a los verdaderos hijos de Nuestra Señora.

La gracia que debemos pedirle a Ella, por tanto, es la de compenetrarnos con esta verdad. Y por mayor que sea el horror que tengamos a nuestros pecados y a nuestros defectos interiores, ni aún por eso deja de ser verdad que levantando los ojos a María Santísima, Ella nos atenderá.

Esta confianza firme e inquebrantable es la gracia que debemos pedir en el día de hoy. 

Fuentes: pliniocorreadeoliveira.info, tradicionyaccion.org.pe

 

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