EUROPA moderna está exhausta. ¿Qué hizo de su Fe? – ¿Cómo está URUGUAY?

 

La civilización europea se encuentra exhausta ante las invasiones islámicas que avanzan como plaga bíblica enviada por una maldición divina.

Para Giulio Meotti, periodista y escritor italiano, editor cultural del diario Il Foglio, eso se debe a que, como escribe Philippe Bénéton en el libro La Confusión Moral de Occidente el Islán está ocupando el vacío cultural de una sociedad sin hijos que cree – equivocadamente – no tener enemigos.

En un artículo para el Gateston Institute, Meotti rememora una conferencia del filósofo Edmund Husserl, en 1935, previendo el cansancio como “mayor peligro para Europa”. Hoy, agrega el periodista, el cansancio y la pasividad se apoderaron del continente.

El cansancio europeo se palpa en la tasa de natalidad desmoronándose en el caos en las calles y en no querer erguir de nuevo el poder militar.

En este año, en París, 80 inmigrantes y activistas pro-inmigración ilegal ocuparon la Basílica de Saint Denis, donde se encuentran sepultados los reyes de Francia. Todo un símbolo cubierto de glorias, pisoteado.

Según Stephen Bullivant, profesor de teología y sociología de la religión de la Universidad St. Mary, en Londres, muchos jóvenes europeos “después del bautismo nunca más pasan por la puerta de una iglesia“.

Las identidades religiosas culturales no están siendo transmitidas de padres a hijos. Quedan del lado de afuera, como ajenas a la cultura y a la familia.

La actitud de las nuevas generaciones, dice Meotti, obedece a la frase de Hilaire Belloc: “quédate siempre al lado de la niñera para que no te pase nada malo’.

Alrededor del 2050, un tercio de los moradores de Suecia serán musulmanes, de acuerdo con un levantamiento del Pew Research Center.

“Y sabemos que la tasa de natalidad de los musulmanes es mayor “, subraya el autor.

La gran masa parece creer en la falsa “auto-acusación” según la cual el “mal” se origina en pecados exclusivos de los cristianos europeos: racismo, machismo, elitismo, xenofobia, homofobia.

La culpabilización se ensaña contra el hombre heterosexual occidental blanco. Según esa mentalidad acusadora esos llamados “males” jamás existirían en las culturas no europeas [ ? ].

En el Parlamento de la República Federal de Alemania, la canciller Ángela Merkel adoptó el mensaje de capitulación, dicho “inclusivo”, ante la ocupación del Islán.

“Con 4,5 millones de musulmanes viviendo entre nosotros, su religión, el Islán, también se tornó parte de Alemania”, enfatizó ella. ¡Son nuestros, por lo tanto; o nosotros somos de ellos!

La figura política más poderosa de Europa capituló, comentó Meotti.

Italia tiene la tercera población más anciana del mundo, una de las menores tasas de natalidad del planeta.

Su porcentaje de jubilados, equivalente a 37% de los trabajadores activos, saltará a 65% en 2040. O sea, tres trabajadores tendrán que sustentar dos jubilados.

La población cristiana de Europa es estéril y envejecida. La población musulmana es fértil y joven.

De 2010 a 2015, en la mayoría de los países europeos, incluyendo Inglaterra, Alemania, Italia y Rusia, la muerte de cristianos superó a los nacimientos” resalta el The Wall Street Journal.

Los ataque terroristas continuarán en Europa, pero los europeos piensan que los asimilarán como si fuesen meros accidentes automovilísticos.

El cansancio moral y psicológico desarma a los países contra el Jihadismo. Por ejemplo, Europa no cierra mezquitas extremistas ni expulsa clérigos radicales.

Los fanáticos musulmanes podrán continuar asesinando personas y carcomiendo Occidente sin despertarlo de la inercia.

El escenario más probable, concluye Meotti, es el de la sociedad europea irse fragmentando irreparablemente, como en un naufragio. Y los restos quedarán a merced de los conquistadores.

¿Cómo esa fragmentación fue posible? Y aquí Meotti no habla.

Después de la II Guerra Mundial vinieron los trente glorieuses así llamadas por los franceses: tres décadas de embriagadora prosperidad material, un “milagro económico” acogido con optimismo e irreflexión.

Líderes políticos cristianos y personalidades religiosas profetizaron que Europa no tendría más guerras si concordaba en licuarse en una Unión donde las diferencias históricas, filosóficas, culturales, políticas y sociales se volverían un magma único.

Las armas se silenciaron, las fronteras se desvanecieron, las filosofías y religiones se desfibraron, el bien procuró entenderse con el mal.

Todo convergió hacia una prefigura del panteísmo, posteriormente llamada globalización. La prosperidad económica, financiera, industrial y comercial fue el pago.

Convocado el Concilio Vaticano II, el Papa Juan XXIII conmemoró la inexistencia de errores a condenar [ ? ! ]. Por primera vez en la Historia, los obispos dejarían de pronunciar fórmulas “negativas” y expondrían la doctrina con fórmulas “positivas”.

La píldora anticonceptiva dejó de ser condenada en los confesionarios, si bien que aún lo fuese en los documentos oficiales. En el momento de la comunión, divorciados y abortistas entraban alegres en la fila, aunque tampoco los documentos no lo permitiesen.

Al final, vinieron pontificados relajantes, el auge de aquel mismo optimismo. Documentos que no escondían más el error – como la Amoris Laetitia – pusieron en el papel lo que antes no se osaba decir en público, pero se susurraba.

En un ambiente festivo y relativista los hijos ya no venían. Después de décadas, Europa estaba sin moral, sin religión, sin familia y sin hijos.

Como sucede en toda fiesta que atraviesa irreflexivamente la noche, Europa amaneció en el siglo XXI exhausta y con la única idea de descansar olvidada de la Fe.

Pero, alrededor del palacete del festín descubrió al viejo enemigo islámico con sus banderas teñidas de rojo sangre u ostentando el color negro de la muerte.

Ya la Santísima Virgen en Fátima había alertado y mandó divulgar la parte final del Secreto antes del Vaticano II. Pero, penetrados por el optimismo de las décadas de postguerra (los trente glorieuses), los Papas prefirieron no divulgar la advertencia.

Ahora, la solución, aunque exija sacrificios, está en las manos de los líderes católicos, religiosos y laicos.

Ellos son los únicos que pueden atraer del Cielo las fuerzas y las gracias para re-erguir el continente, como la Iglesia hizo cuando el Imperio Romano se derrumbó y los bárbaros asolaron el continente.

Pero de los púlpitos, que durante décadas predicaron alegría, ecumenismo, distensión, relativismo e irreflexión sólo llega una mensaje: capitulación.

En ese sentido, Meotti parece tener razón. Pero no cuando insinúa no haber esperanza.

La Iglesia es inmortal y sabrá sacar de sus tesoros infinitos la solución heroica y santa.

Fuente: ascruzadas

Comentarios de este blog:

¿Usted diría que Uruguay está libre de invasiones musulmanas? ¿Después que la izquierda trajo terroristas de Guantánamo y familias sírias, elegidos a dedo por la misma izquierda?

Haga la experiencia de preguntarle a alguien del Frente Amplio qué piensa de las invasiones musulmanas.

Pregúntele también a alguna de esas personas que afirman enérgicamente que nuestro País es laico – y desaprueban que se ponga una imagen de la Virgen María en un lugar público – qué dirían si un grupo de musulmanes quisiesen poner una estatua de Mahoma en una plaza.

¿Qué pensaría usted si viese a un frenteamplista conversando con un musulmán? ¿Estarían discutiendo o concordando?

Sería interesante que la Jerarquía católica se refiriese a esos puntos y alertase a los fieles.

En todo caso, si países de Europa están en peligro de perder su soberanía, ¿quién osaría afirmar que en Uruguay ese peligro no existe?

Sugiera a otras personas que acompañen este blog Familia Uruguaya Cristiana. Envíeles el link del blog: http://familiauruguayacristiana.com.uy

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