La estrategia china, el Papa Francisco y el “nos enporcamos” de Pio VII con Napoleón

 

 

El acuerdo pretendido por el Vaticano con Pequín, disfrazado de restablecimiento de plenas relaciones diplomáticas evoca precedentes infelices, según el Profesor George Weigel, historiador y mayor biógrafo del Papa Juan Pablo II, puesto en un artículo para Slate.

Él menciona los ejemplos de la Italia de Mussolini y el Tercero Reich de Hitler. Los dictadores acabaron violando sistemáticamente las Concordatos firmados con la Santa Sede.

Los diplomáticos vaticanos parecen seguir el mismo camino desastroso, y como el propio Papa Francisco, ignorarían las advertencias que vienen de los obispos fieles desde China, escribe Weigel.

Ellos se encaminan a violar el propio Derecho Canónico , donde dice que “no se concede a las autoridades civiles ningún derecho o privilegio en la elección, nombramiento, presentación o de designación de los obispos”.

La sabia norma es aún más necesaria frente a un régimen que viola diariamente los derechos humanos con demostración de gran crueldad.

La diplomacia vaticana parece no querer ver los fracasos de los acuerdos con los dictadores populistas e igualitarios que violan sin escrúpulo la palabra empeñada.

Peor aún, el Papa Juan XXIII reorientó la diplomacia vaticana para volverse concesivamente hacia monstruo comunista. Fue la política conocida como Ostpolitik vaticana, cuenta el historiador.

El principal ejecutor fue Monseñor Agostino Casaroli, diplomático de carrera, posteriormente elevado a la púrpura y hecho Secretario de Estado por el Papa Wojtila, según cuenta su gran biógrafo.

La Ostpolitik de Casaroli tuvo en vista un “medio de no morir”, como dijo el propio Casaroli.

Para eso sacrificó a los héroes de la fe que rehusaban hasta las menores concesiones al anticristo marxista, entre ellos el Cardenal húngaro Joseph Mindszenty, el Cardenal Beran de Checoeslovaquia, el Cardenal Stepinac, arzobispo de Zagreb o el Cardenal Josyf Slipyj, cabeza del rito greco-católico ucraniano.

Weigel defiende que con toda objetividad: la Ostpolitik de Casaroli fue un fracaso y hasta una catástrofe.

Entre sus consecuencias es de mencionarse con dolor la infiltración de los servicios secretos comunistas en el corazón del Vaticano y el debilitamiento de los representantes de la Iglesia ante sus homólogos comunistas.

Ninguna mejora fue obtenida para los cristianos aplastados por la bota marxista; la Ostpolitik hizo más mal que bien, defiende el historiador. Y da ejemplos.

La jerarquía católica húngara se tornó un anexo del Partido comunista. La represión se agravó aún más en Checoeslovaquia. Allí, obispos y sacerdotes trabajaban como porteros, lavaban patios o arreglaban ascensores, esperando la noche para celebrar misas clandestinas.

En la URSS, el rito greco-católico ucraniano se tornó la mayor comunidad religiosa ilegal del mundo.

A su vez, los líderes del catolicismo lituano fueron condenados a trabajos forzados en los campos de concentración.

La caída de la URSS aparentemente vació de significado la diplomacia de aproximación con el comunismo.

Pero esa política criminal continuó siendo exaltada como un modelo en Roma, en los ambientes eclesiásticos a la sombra de los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Una nueva generación de diplomáticos vaticanos fue iniciada en esa admiración equivocada.

Por eso, registra Weigel, cuando el Cardenal Jorge Mario Bergoglio ascendió con el nombre de Papa Francisco, el equipo de la Ostpolitik estaba pronta para reiniciar las capitulaciones “casarolianas”.

China, potencia anticristiana emergente, pasó a ser el objetivo privilegiado de ese equipo. Si éste obtiene un resultado “positivo” acomodándose a la dictadura de Xi Jinping, podría transponer el modelo a países bajo dictaduras comunistas o cripto-comunistas.

Es el caso de América Latina con gobiernos de tipo frenteamplista o bolivariano.

La Iglesia Católica en China no será menos degradada que en el este europeo bajo la bota soviética. De hecho, bajo las maniobras de la Ostpolitik, los fieles están siendo envilecidos con formas de vasallaje y humillación tal vez hasta ahora no vistas, prosigue Weigel.

Sumando todo, concluye el Dr. Weigel, el intento diplomático se basa fundamentos precarios, sordos al sentido común y a la experiencia histórica.

La Ostpolitik vaticana está reeditando la frustrada política de debilidades del Papa Pio VII ante Napoleón Bonaparte.

El historiado Alexandre-François Artaud de Montor cuenta que, después de firmar el Concordato con el emperador revolucionario, el Papa Pio VII exclamó: “ci siamo sporcati” (“nos emporcamos“). (“Storia di Pio VII scritta dal cavaliere Alexandre-Francois Artaud de Montor”, Milão, Giovanni Resnati libraio, 1845, vol III, pág. 43).
Esos fracasos y el fantasma del “ci siamo sporcati” no son una receta para el suceso diplomático y eclesiástico como probable resultado del acuerdo procurado por el Vaticano y la dictadura marxista china, concluye el renombrado historiador.

Fuente: pesadelochines

 

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1 comment for “La estrategia china, el Papa Francisco y el “nos enporcamos” de Pio VII con Napoleón

  1. Costa Marques
    2 de junio de 2018 at 8:46

    Até quando o Vaticano continuará com essa Ostpolitik com os comunistas, implacáveis inimigos da Igreja em todos os tempos. Porque razão acreditar que os comunistas de hoje são “bonzinhos” ?
    Enquanto isso os católicos são presos, perseguidos na China comunista de hoje. Quantos bispos e religiosos foram ou estão encarcerados na China no sec XXI? CostaMarques

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