La “ola celeste” contra el aborto: una ola celestial, una ola mariana – (2)

Extractos de la charla sobre el tema “Cómo los nuevos movimientos católicos están restaurando la fe en el mundo”, pronunciada el 23 de agosto en Dublín, durante la “Conferencia de Familias Católicas”. La batalla final sobre la familia será una ocasión de gracias extraordinarias y de extraordinarias victorias.

Continuación de:
La “ola celeste” contra el aborto: una ola celestial, una ola mariana – (1)

José Antonio Ureta

La última prueba de la Iglesia

Otro prelado hizo una referencia al Apocalipsis como una profecía de los tiempos actuales, y particularmente a la confusión entre los fieles creada por la falta de directivas claras para negar la Sagrada Comunión a los no católicos, y por propuestas para bendecir las relaciones homosexuales. Fue el cardenal Willem Eijk, arzobispo de Utrecht (Países Bajos), quien escribió lo siguiente:

“Al observar que los obispos y, sobre todo, el Sucesor de Pedro fallan en mantener y transmitir fielmente y en la unidad el depósito de la fe contenido en la Sagrada Tradición y en la Sagrada Escritura, no puedo sino pensar en el Art. 675 del Catecismo de la Iglesia Católica:

“Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el ‘misterio de iniquidad’ bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad”.

Algunos interpretan estas referencias al Apocalipsis como una confirmación de que la corrupción ha alcanzado tal punto que no hay posibilidad de conversión y, por lo tanto, que nos acercamos al fin de los tiempos.

Aunque valoro los sentimientos que inspiran estas interpretaciones, no puedo sino estar en desacuerdo con su conclusión, que equivale a retirarse del campo de batalla y dejarlo a merced de los enemigos de la Iglesia. Por ello, me gustaría rebatir la idea de que el fin de los tiempos corresponde a nuestros días.

No es que esté en desacuerdo con el lúcido diagnóstico de la gravedad de la corrupción moral de nuestras sociedades. Basta pensar en la apostasía de Irlanda, representada por el resultado de los dos últimos referendos, para estar de acuerdo que es casi imposible seguir cayendo moralmente.

En lo que no estoy de acuerdo es en la conclusión de que no hay una salida para las actuales calamidades morales.

Nuestra Señora de Fátima no anunció el fin del mundo, sino una serie de dramáticos castigos después de los cuales aquellos que permanecerán vivos se convertirán y así, por fin, su Inmaculado Corazón triunfará.

Otro argumento más exegético a favor de esa tesis, es que san Pablo en su segunda epístola a los Tesalonicenses les pide que no se alarmen pensando que el día del Señor está cerca, “primero tiene que llegar la apostasía” (2, 3).

Sin embargo, esta apostasía no debe circunscribirse a un país o área de la civilización, sino que debe ser general. Porque en el evangelio de san Lucas, Nuestro Señor pregunta: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” (18, 8).

Es verdad que en su exhortación apostólica Ecclesia in Europa, el Papa Juan Pablo II dice que “la cultura europea da la impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera”. Pero no se puede decir lo mismo de otras regiones donde la fe católica todavía se sostiene con fuerza y convicción hasta el derramamiento de sangre si fuera necesario.

Aún existe fe sobre la tierra

Merecen ser nombrados en primer lugar los cristianos de Medio Oriente. Cuando sufrieron el repentino ataque del ISIS en las llanuras de Nínive y en otros lugares, se les dio la posibilidad de conservar sus tierras y hogares si aceptaban el islam. En muchas ciudades, nadie aceptó el trato, ni siquiera las personas mayores que tenían que ir al desierto por la noche sin comida ni agua y sin saber si morirían de sed después de unas horas caminando.

Más de cien mil personas se comportaron como confesores de la fe y cientos de ellos fueron martirizados por las crueles y fanáticas tropas del Califato Islámico.

Y ahora que ISIS fue ahuyentado, regresaron para reconstruir sus ciudades a pesar de que saben perfectamente que seguirán siendo una minoría de cristianos rodeados por una mayoría de poco amigables musulmanes.

Dicen ellos que la tierra donde tuvo lugar la primera predicación del Evangelio, la tierra de sus antepasados, no pasará a manos de los islámicos recién llegados, incluso si fuera necesaria de una Cruzada o una Reconquista para asegurar su presencia en el Medio Oriente.

Lo único que no entienden es la pasividad de Occidente y nuestra ingenuidad de pretender dialogar con el Islam.

¿Podemos decir que no hay fe en el Medio Oriente? ¡Obviamente no!

Ahora, lo mismo puede decirse sobre los cristianos en otros países gobernados por una mayoría musulmana, que también sufren persecución. Ya sea en África, en Pakistán o en Indonesia.

Otro ejemplo de perseverancia en medio de la persecución nos lo dan los católicos clandestinos [fieles a Roma] en China.

Rechazan el trato ofrecido por las autoridades comunistas, pues consideran una burla a la libertad de religión, tener que reconocer como legítima a la Iglesia Patriótica (cismática), controlada por la Administración Estatal de Asuntos Religiosos del régimen comunista.

Los católicos chinos clandestinos [fieles a Roma] rechazan que sus obispos sean elegidos por funcionarios públicos ateos obedientes al régimen comunista.

Su fidelidad a la primacía universal del Papa es aún más conmovedora ya que, paradójicamente, tienen que resistir a la política de aproximación entre el Vaticano y Pekín, promovida por el mismo Papa al que se niegan a traicionar.

¿Puede Dios no conmoverse por esa fe y no darle al mundo otra oportunidad? La situación no es muy diferente en otros países comunistas, como Corea del Norte, Laos, Vietnam y Cuba, donde los católicos también están dando un testimonio similar de su fe.

No me extenderé sobre la fe en América, pero apenas para darles un testimonio de ello, les hago una sola pregunta: ¿tienen ustedes idea de cuántos lugares ofrecen la Adoración Perpetua en Estados Unidos? ¡814! ¡Considerando que hay 177 arquidiócesis y diócesis en los Estados Unidos, eso hace un promedio de más de cuatro lugares por diócesis!

Fuente: tesorosdelafe

 

Continua en:
La “ola celeste” contra el aborto: una ola celestial, una ola mariana – (3)

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