Más de dos millones de rusos veneran las reliquias de San Nicolás

 

 

 

 

Desde que las reliquias de San Nicolás de Bari fueron expuestas al culto púbico en préstamo por un tiempo de la Iglesia Católica, más de 1.807.600 rusos de Moscú fueron a venerarlas.

Las colas en Moscú podían demorar 10 horas para las personas pasar rápidamente, tocando o besando la sagrada urna, notició el diario The Washington Post.

En San Petersburgo, segunda mayor ciudad rusa, la cuenta superaba 340.000, mientras proseguían las visitas con romeros llegando de remotas ciudades de la inmensa Rusia.

Esas manifestaciones macizas de devoción volvieron a patentar las tendencias profundas – inimaginables sin una acción de la gracia – que trabajan el pueblo ruso y lo predisponen para el día de su conversión.

Vladimir Putin parece haber notado ese horizonte – por otro lado ya previsto en Fátima – e hizo una adaptación del principio atribuido a Lenin: como el comunismo genera necesariamente una reacción opuesta, hagámosla nosotros antes que otros la hagan.

Antes que Rusia se convierta, dirijamos nosotros un seudoretorno a la religión, parece decir el Vladimir II (no Lenin, sino Putin). Para eso él apela a su cómplice: el Patriarcado de Moscú.

Fue este último que recibió de la Santa Sede las reliquias y las hace girar por Rusia como si fuese propiedad de él, alejando el protagonismo católico.

El fenómeno permite percibir la magnitud del efecto que la predicación libre del catolicismo tendrá en el pueblo ruso.

Después de generaciones de furioso ateísmo comunista que mató millones de rusos para exterminar la religión y los fundamentos de la civilización, como la tradición, la familia y la propiedad, multitudes de rusos desafiaron el frío para venerar a su santo más amado.

En Moscú, las reliquias quedaron expuestas en la catedral de Cristo el Salvador, que había sido demolida por los soviets en 1931, pero que hoy está restaurada.

San Nicolás es el santo de Navidad, parodiado comercialmente por “Santa Claus” o “Papá Noel”.

“Todos los santos son especiales, pero él es el que más amamos“, decía Denis Knyazyev, 32, que viajó cuatro horas para venerarlo en Moscú.

Los sacerdotes cismáticos y los guardias trataban bruscamente a los devotos, pero éstos no se desanimaban.

Danila, moscovita de 14 años, contaba que tuvo una sensación sobrenatural”. “Fue como si Dios me hubiese oído”. Muchos pedían por sus más apremiantes necesidades personales.

Los rusos que se afirman religiosos duplicaron desde la caída de la URSS. Y ahora, con la frustración de las ilusiones generadas por Putin, aumentó la búsqueda del orden espiritual.

Cerca de dos millones de persona escribieron a Putin pidiendo mejoras de los sueldos, en las estructuras públicas y en el sistema de salud, lo que el dueño del Kremlin ni siquiera tiene condiciones de atender.

Frustrado con la ausencia del milagro que Putin no podía hacer, el pueblo fue también a pedir eso a San Nicolás.

En 2011, más de tres millones de rusos fueron a visitar una campana que habría pertenecido a la Virgen María.

Pero, esta vez, San Nicolás llegó de un modo muy especial con sus auténticas reliquias.

“Durante 930 años nadie las vio. Pero ahora es como si San Nicolás en persona hubiese bajado a Moscú“, reconoció María Korovina, encargada de prensa del Patriarcado de Moscú.

Fuente: luzesdeesperanca

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