Mayo de 1968 – Mayo de 2018

 

50 años después,
¿qué cambió en la mentalidad de los católicos?

De mayo de 1968 hasta nuestros días, el mundo sufrió un profundo cambio. Una verdadera revolución cultural transformó las mentalidades y las sociedades. No escapó de ese fenómeno el católico “común”. ¿Cuáles fueron, en ese medio siglo, las principales mudanzas en los modos de ser, pensar y sentir de los católicos?

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Los acontecimientos de mayo de 1968, en Francia, son denominados de varios modos: “revuelta estudiantil”, “movimientos sociales”, “revolución de la Sorbonne”, o aún, “revolución de mayo del 68”. Fueron explosiones temperamentales, acompañadas de huelgas operarias y estudiantiles, numerosos enfrentamientos violentos con la policía, manifestaciones, ocupaciones de universidades, fábricas y teatros, protestas pasivas (sit-in) y “asambleas populares”. Sucedieron no solamente en la Sorbonne de París, sino también en todas las facultades y universidades de Francia; y después, con características diversas, en muchos puntos del mundo.

No sin acierto, el periodista francés Jean-François Revel, en sus memorias, define así los acontecimientos de mayo de 1968: “Fue un movimiento internacional que trajo una profunda […] transformación en las costumbres, en las sensibilidades, en las mentalidades”.

Qué pretendían los agitadores del 68

Las características del movimiento son bien conocidas. Los estudiantes se rebelaron antes que nada contra cualquier tipo de autoridad y contestaron a las jerarquías, todas las jerarquías. Querían acabar con el capitalismo, con la propiedad privada, querían una sociedad basada en la “cooperación”, cuando no directamente en la “autogestión”. Por medio de asambleas populares en todas partes, pretendían instaurar una democracia “participativa”. Rechazaban los preceptos de la moral y de la religión, predicaban el amor libre, y lanzaron de hecho la revolución sexual, justificando todas las perversiones, inclusive la pedofilia.

Otra característica muy importante: afirmaban que el poder debe ser tomado por los jóvenes. En ese sentido, fueron influenciados por la revolución cultural maoísta que se implantaba entonces en China, según la cual los jóvenes “guardias rojos” sustituyeron a los “viejos” dignatarios comunistas.

Atribuyendo valor absoluto a la espontaneidad de la juventud y a su entusiasmo lúdico, juzgándola capaz de guiar a la sociedad por nuevos caminos, consideraban a los “viejos” como burgueses reaccionarios, que impiden el advenimiento de un nuevo mundo. La infantilización de las mentes era propuesta como método revolucionario para alcanzar la igualdad.

En resumen, predicaban la destrucción de la familia, de la propiedad, de las tradiciones, de las instituciones, de las naciones y de las fronteras, de la moral, de las jerarquías, de las clases sociales, y hasta de la razón y de la lógica.

Los slogans de la Sorbonne

Numerosos slogans conteniendo algún espíritu y mucha maldad, pintados en los muros de la Sorbonne y de otras universidades, dan bien la medida de lo que querían alcanzar con su revuelta:

Es prohibido prohibir

La imaginación en el poder

Todo poder es un abuso

Las jerarquías son como los estantes: cuanto más altos menos sirven

Si quieres ser feliz, ahorca a tu propietario

Disfruta sin límites

Gozar aquí y ahora

Inventa nuevas perversiones sexuales

El disgusto es contrarrevolucionario

Ni Señor ni Dios. Dios soy yo.

Si Dios existiese, sería preciso suprimirlo

La mercadería es el opio del pueblo

La pereza es un derecho

Nunca trabajéis

Vós también podés volar

Sé realista, exige lo imposible

Todo el que enseña es enseñado, todo enseñado enseña

Todo lo que es discutible debe ser discutido

El respeto se pierde, no vayas atrás de él

La política se hace en la calle

La más linda escultura es el adoquín que lanzamos a la cara de la policía

Abramos las puertas de los manicomios, de las prisiones y demás facultades

Una profunda transformación de la sociedad

En las semanas y meses que siguieron a los levantes y a las huelgas, aparentemente la vida volvió a lo normal, y el movimiento revolucionario parecía momentáneamente haber fracasado. En realidad, una profunda revolución psicológica y cultural fue desenvolviéndose hasta hoy, transformando completamente la sociedad.

Para medir esa transformación, basta considerar hasta qué punto llegamos en términos de destrucción de la familia, con la implantación del divorcio, del aborto, del “casamiento” homosexual, de la Ideología de Género, además de la invasión de la pornografía que hoy está al alcance inclusive de los niños.

Las élites tradicionales están desaparecidas de la vida de la sociedad, intentando apenas sobrevivir en su rincón sin llamar la atención. Fueron sustituidas por falsas élites, el jet-set. Cualquier persona que ocupe un puesto jerárquico, sea en la economía, en la política, o aún en la Iglesia, toma cuidado en presentarse como un hombre cualquiera, común, aunque para eso tenga que rebajar la dignidad de su cargo.

Los países occidentales caminan con celeridad rumbo a una sociedad sin clases. La noción de herencia, de bienes de familia cuya propiedad se transmite como un patrimonio precioso, se tornó una noción rechazada por casi todos, aún cuando se imaginan contrarios al comunismo.

La civilización de la imagen, comandada por el torbellino mediático que no deja un minuto para la reflexión y el análisis – internet, redes sociales, smartfones, televisión – son todos hijos de la mentalidad de Mayo del 68.

Una de sus consecuencias es la decadencia del lenguaje, y por lo tanto del pensamiento y del raciocinio, con la incapacidad para la abstracción y el pensamiento doctrinario. He ahí el campo ideal para una nueva forma de colectivismo. No más el colectivismo de los medios de información y formación de opinión, que se resume a un pensamiento único. Todo eso no deja de tener semejanzas con el “modelo” tribal, pero de tribus superconectadas, propuesto por algunos a partir de la Revolución de 1968. El avance del feminismo, del transhumanismo, del animalismo, del papel que se desea dar a la “inteligencia” artificial, todo camina de acuerdo con la ideología de Mayo del 68.

El católico “constantiniano” de los años 1960

Independientemente de su práctica religiosa y de su piedad mayor o menor – o sea, independientemente de su vida espiritual – el católico “constantiniano” de los años 60 mantenía un aprecio esencial al hecho de que el espíritu católico rige profundamente la vida de la sociedad. Estaba un paso atrás, digamos, en relación a la moda en vigor. Si bien que personalmente ni siempre siguiese todos los Mandamientos, rehusaba el amor libre y quería que la normas de la moral católica fuesen las normas de la sociedad, no frecuentaba socialmente a quien las violase abiertamente. Era contra el divorcio.

El católico “constantiniano” de los años 60 tenía un aprecio por lo formal y por lo ceremonioso, hasta en los artículos de diarios. Sentía un disgusto por el bajo nivel y la proletarización de los hippies. Tenía un gusto preferencial por las forma tradicionales de belleza artística, desaprobando el arte moderno y la extravagancia.

Más nacionalista que admirador de la civilización cristiana, el católico “constantiniano” era afecto a una vida social aún con jerarquías de clases sociales y de dignidades individuales. El derecho de propiedad era central en la concepción de la vida, de ahí ser anticomunista por temperamento. Le gustaba leer libros y artículos profundos, con raciocinios lógicos apoyados en la doctrina social de la Iglesia, de la cual ya no era muy buen conocedor. Sin tener siempre claros todos los principios ideológicos, vivía en un ambiente que se puede designar según la trilogía tradición, familia, propiedad.

¿Cómo definir el católico de hoy?

¿Qué piensa el católico “común” de hoy de las jerarquías? ¿Qué piensa, por ejemplo, de las élites que ve, del Papa, del Presidente de la República? ¿Cómo se comporta en relación a las modas – en la playa, por ejemplo? ¿Qué piensa sobre el Estado laico, sobre el papel que la Iglesia debe ejercer para moldar las instituciones, las leyes y las costumbres? ¿Cómo se comporta en relación a las personas que practican el amor libre, el divorcio, el aborto, la homosexualidad, el concubinato? ¿Qué piensa de la facilidad con la que la Iglesia declara nulos los casamientos? ¿Cómo siente la distinción entre el clero y los laicos? ¿Qué opina sobre la democracia participativa dentro de la Iglesia? ¿Con qué vigor defiende aún la propiedad privada? ¿Cuál es el grado de rechazo al socialismo y su conocimiento de la doctrina social de la Iglesia? ¿En qué medida, cuando se mantiene católico practicante, acepta vivir en un mundo que volvió al paganismo?

Esa especie de “examen de conciencia colectivo” que proponemos es fundamental para percibir hasta qué punto el católico “común” de hoy se alejó de los conceptos, normas de vida y de comportamiento que componían la mentalidad del católico “constantiniano”. Ninguna reacción efectiva podrá ser hecha, si la comprensión de esa profunda decadencia no estuviere suficientemente clara.

Ante la situación de decadencia ¿qué hacer?

Ante ese cuadro, el lector se preguntará naturalmente qué hacer. La primera cosa, de gran importancia, es ver el problema de frente y entenderlo en sus matices y múltiples aspectos. Nosotros nos dejamos muchas veces llevar demasiado por cierta ansiedad, queremos actuar antes de haber hacho un análisis profundo. Ver y comprender son los primeros pasos de la acción.

Plinio Corrêa de Oliveira, en trechos del libro Revolución y Contra-Revolución, acentuó la importancia de conocer esa forma de revolución psicológica en cuanto actuando en las tendencias, para denunciarla, y usar todos los recursos legítimos y adecuados para combatirla.

(Transcribiremos los mismos en próxima materia. Usted puede verlos ahora – en portugués – en este link).

Fuente:  Revista CATOLICISMO

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1 comment for “Mayo de 1968 – Mayo de 2018

  1. Costa Marques
    31 de mayo de 2018 at 7:22

    Maio de 68 foi uma revolta, uma golfada de orgulho e sensualidade. Uma revolta contra a Lei de Deus, contra a Lei Natural — o mesmo que dizer queremos liberdade para tudo. Nem Lei, nem Deus – dizia um slogan.
    Qual foi a consequencia do maio de 68? a Moral, a familia, a honra, o respeito sofreram um impacto malfazejo em todo Ocidente.
    Saibamos nos voltar para os principios Morais e nos preparar para a grande punição da humanidade prevista em Fátima. Costa Marques

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