Sábado Santo y la Fe de la Santísima Virgen – Hubo un período en que sólo la Santísima Virgen creyó en la resurrección

 

Plinio Corrêa de Oliveira

La resurrección es un hecho tan violento, es un hecho tan contrario al orden natural de las cosas, que el espíritu humano es propenso a no imaginarla. E si bien que Nuestro Señor haya resucitado a Lázaro, y ellos hayan, por lo tanto, visto esa resurrección, por dureza de alma que los caracterizaba, ellos no se daban cuenta de que Aquél que había resucitado a Lázaro se resucitaría a Sí mismo. No se daban cuenta de que Nuestro Señor iba a aceptar el desafío que los blasfemos le lanzaron al pie de la Cruz, cuando le decían: “Si eres el Hijo de Dios, baja de la Cruz y cúrate a Ti mismo”.

Él hizo mucho más que bajar de la Cruz y curarse a Sí mismo; Él se dejó morir y después se resucitó a Si mismo.

¡Eso es más extraordinario! Es más extraordinario resucitarse a sí mismo que resucitar a Lázaro. Porque que un vivo resucite a un muerto es extraordinario, es inconcebible, es imposible en el orden de la naturaleza, pero en fin, es un vivo que resucitó a un muerto, Pero un muerto que se resucite a sí mismo, que él por su propia fuerza salga de los abismos de la muerte y diga a su alma: “levántate, entra en tu cuerpo, y se torna nuevamente uno con él”… Esta es una especie de victoria dentro de la victoria, una especie de esplendor dentro del esplendor que es inconcebible al espíritu humano.

Toda la grandeza que la Iglesia habría de desarrollar, todas las promesas del Antiguo Testamento y todas las realizaciones del Nuevo Testamento, todo eso vivió en el alma de la Santísima Virgan.

Entonces se comprende que aún aquella “entourage” más próxima da la Virgen, que La rodeaba al pie de la Cruz, los Evangelistas, las Santas Mujeres, después Nicodemo, uno u otro que se aproximó en aquella hora de amargura, ellos – como se sabe – acompañaron a la Virgen hasta la casa donde Ella vivía y que Ella se quedó allí con ellos con un dolor extremo. Ella sabía que Él resucitaría, los otros no sabían. Y si bien tuviesen un misterioso instinto de que la historia de Nuestro Señor no estaba pronta y de que la última palabra no estaba dicha – la presencia de ellos junto a la Virgen mostraba bien eso. Ellos tenían idea de que algo iba a continuar. Sin embargo no habían atinado con la idea de la resurrección. La narración del Evangelio de la actitud de Santa María Magdalena es clara, ella no esperaba que Él hubiese resucitado.

Bien, durante ese período, sólo la Santísima Virgen creyó en la resurrección. Por lo tanto, sólo Ella tuvo una Fe completa. Sobre toda la faz de la Tierra era la única criatura que tenía una Fe completa. Pero entonces una Fe completísima, una Fe sin ninguna sombra de duda. Una certeza absoluta, una expectativa inmensamente dolorida por causa del pecado que había sido cometido, pero inmensamente calma con la certeza de la victoria que se aproximaba.

De manera que cada minuto que pasaba, de algún modo era la espada del recuerdo y del dolor que entraba más aún en el Corazón Inmaculado de Ella. Pero por otro lado era la certeza de una gran alegría de la victoria que se aproximaba. Y dentro de esa concepción era evidentemente para Ella una razón de consolación, una razón de alegría.

Como Ella sola en esa ocasión representó la Fe, nosotros podemos decir que si Ella no hubiese, ella también creído, el mundo habría acabado, porque el mundo no puede existir sin Fe. A partir del momento en que no existiese más Fe en el mundo, la Providencia acababa con el mundo. Y es porque existía la Fe admirable de la Santísima Virgen que sólo Ella sustentó al mundo y sólo Ella dio continuidad a las promesas evangélicas.

Porque todas las promesas hechas en el Evangelio, todas las promesas hachas en el Antiguo Testamento de que el Mesías reinaría sobre toda la Tierra, y de que Él sería el Rey de la Gloria, y el centro de la Historia, todas esas promesas no se habrían cumplido si en determinado momento la Fe se hubiese apagado, si en determinado momento el mundo tuviese que acabar.

Todo eso vivió en la Virgen. Ella fue el Arca de la esperanza de los siglos futuros. Ella tuvo en sí como en una simiente toda la grandeza que la Iglesia habría de desarrollar a lo largo de los siglos, todas las virtudes que Ella habría de sembrar, todas las promesas del Antiguo Testamento y todas las realizaciones del Nuevo Testamento, todo eso vivió dentro de una sola alma, vivió dentro del alma de la Santísima Virgen.

Fuente: pliniocorreadeoliveira.info

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1 comment for “Sábado Santo y la Fe de la Santísima Virgen – Hubo un período en que sólo la Santísima Virgen creyó en la resurrección

  1. Costa Marques
    1 de abril de 2018 at 12:25

    Saibamos ver na Ressurreição de Nosso Senhor a promessa de que tambem a Santa Igreja triunfará da presente crise progressista e atinja um esplendor nunca visto. Por isso disse Nossa Senhora em Fátima: Por fim o meu Imaculado Coração Triunfará. CostaMarques

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