Santa Bernardita: ejemplo de desinterés, alienación y holocausto

 

Plinio Corrêa de Oliveira
Santo del día de 16 de abril de 1970 (Trechos)

Yo tengo aquí un extracto de un diario de Messina (Italia), del 6 de junio de 1965, que da una serie de pensamientos a manera de testamento de Santa Bernardita Soubirous. Dice los siguiente:

“Por la miseria de mi padre y por la ruina del molino (en el que ella y su familia vivían y por los varios hechos infelices que se dieron en consecuencia), por el vino del cansancio, por las ovejas enfermas, os doy gracias, Señor”.

Eran varios infortunios que le habían sucedido al padre, que habían reducido la familia del padre a la miseria. “Por los niños acudidos, por las ovejas de que tomabas cuenta, os doy gracias, Señor. Gracias, oh Dios mío, por el comisario, por los policías, por las palabras duras de Don Peyramale”.

Ella fue perseguida, fue llevada a la policía, maltratada por los comisarios, y el párroco de allá le dijo palabras muy duras. Entonces, por todo eso, dice ella: “os doy gracias, Señor”.

“Por aquellos días en que Vos me aparecisteis, oh Virgen María. Por aquellos días en que Vos no me aparecisteis, yo no os sabría agradecerte de otra forma a no ser agradeciéndoos en el Paraíso. Por las burlas recibidas, por las injurias y por los ultrajes, por aquellos que me mandaron prender como loca, por la cólera que tuvieron contra mí, por aquellos que me tomaron como interesada, gracias os doy, Señora”.

“Por la ortografía que yo jamás conseguí aprender, por la memoria que jamás tuve, por mi ignorancia y por toda mi dificultad mental, os doy gracias, Señora. Gracias, gracias porque si hubiese sobre la tierra una niña más ignorante y más estúpida que yo, Vos la habríais elegido para apareceros. Por mi madre, muerta hace muy poco tiempo, por el sufrimiento que yo tuve cuando mi padre, en vez de abrir los brazos a su pequeña Bernardita, me llamó sor María Bernard, gracias oh Jesús”.

Ella era monja y el padre fue a verla, Y en vez de llamarla de Bernardita, la llamó sor María Bernard, con ceremonia. Yo creo – no me acuerdo bien de ese episodio de la vida – pera tal vez también con mala voluntad. Y ella tuvo un choque con eso.

“Gracias por haber colmado de amarguras ese corazón por demás tierno que Vos me diste. Por Madre Josefina, que me proclamó `buena para nada´…”

Es decir, no servía para nada: “muchas gracias”.

“Por los sarcasmos de la madre maestra de novicias, por su voz dura, por sus injusticias, por las ironías, por el pan de la humillación, muchas gracias. Gracias por haber sido Bernardita amenazada de prisión porque había visto a la Virgen María, mirada por las personas como un animal raro, aquella Bernardita tan despreciable que, al verla se decía… ¿es todo eso?”

“Todo eso” quiere decir “poca cosa”, tan chica.

Bernardita inclusive era muy bajita, extremadamente bajita. Entonces, cuando iban a ver a Santa Bernardita pensaban en una santa que había visto a la Virgen… y entraba un pedacito de gente con cara de analfabeta. La persona decía: “¡¿Es esso?! ¡¿Es exactamente sólo eso?! Después, eso dicho por un francés…

“Por este cuerpo miserable que Vos me disteis, por esta enfermedad de fuego y de humo… por mis carnes en putrefacción, por mis huesos corroídos, por mis sudores, por mi fiebre, por mis dolores sordos y agudos, gracias oh Dios mío. Y por esta ansia de Vos me disteis del desierto de la aridez interior, por vuestra noche y por vuestros relámpagos, por vuestros silencios, una vez más, por todo, por Vos ausente y presente, gracias, oh Jesús.

Yo comprendo que para muchos oídos, esa oración pueda tener una connotación de “beata” [expresión aquí utilizada en el sentido de una actitud sentimental que se manifiesta sobre todo en cierto tipo de piedad endulzada y una posición doctrinaria relativista]. Entretanto, ella no tiene nada de “beata”. Es una oración verdaderamente heroica.

¿Cuál es el heroísmo que está dentro de eso? Es lo siguiente: ella tuvo una gracia incomparable: fue a ella que la Virgen se apareció, fue a ella que la Virgen indicó dónde era que estaba la fuente donde debería arañar para que saliera el agua que brota hasta hoy con las curas milagrosas. Fue, por lo tanto, a partir de las revelaciones hechas a ella que la Virgen inauguró una serie de maravillas por el mundo entero y que, bajo la innovación de Nuestra Señora der Lourdes, la devoción a la Virgen también se extendió maravillosamente.

Ella, chica; ella, miserable; ella, nula; ella, plebeya; ella, pobre… fue el arco por donde quiso entrar ese rayo de sol en el mundo contemporáneo. Ya en el siglo de ella, tan orgulloso, tan lleno de incredulidad, tan rebelde, tan adelantado en el proceso de la Revolución gnóstica e igualitaria. Para todas esas cosas sublimes fue elegida esa persona tan insignificante.

Como ella era una santa, llevó su actitud de alma ante la Providencia hasta el límite de la sublimidad. Y ella hizo el balance y vio que no era nada, que era un pedacito de gente, que tenía una salud pésima, peor que eso, tenía una cabeza que no valía un vintén. Ella era apenas una persona muy equilibrada; no tenía nada más. Pero era ignorante, nunca había conseguido bien aprender a leer y escribir. Servía para los quehaceres más modestos en el convento,.

Por otro lado, era de una familia de las más miserables, porque nadie consigue ser más miserable que un molinero que no consigue llevar adelante su molino y va a vivir en una casa que era casi una ruina, en una pequeña ciudad “de lo último”, como era Lourdes en el tiempo de ella. Y vivió siempre en las puertas de la miseria negra, siempre dentro de la indigencia.

Ella no fue, por lo tanto, nada. Ella agradecía a Dios Nuestro Señor, no una cosa compensando a otra, sino que agradecía una cosa y la otra. Y ella agradecía que Dios le hubiese sacado todo por causa del bien que ella podía hacer a los otros. Es víctima expiatoria, que tomando en consideración los pecados del mundo, tomando en consideración que sin sangre no se hace remisión y que, por lo tanto, si algunos no sufrieren, otros no serán rescatados; y que es preciso que haya algunas almas que sean como pararrayos sobre los cuales se descargue la cólera de Dios, para que no caiga sobre otras almas, ella aceptó – ella, nula – ella aceptó todo aquello sobre sí.

¿Para qué? Para que, precisamente, innúmeras almas fuesen salvadas y la Iglesia Católica tuviese gloria. Comprendió bien que ella no tuvo apenas apariciones sino que tuvo también una cruz, y que la cruz no era la contrapartida de las apariciones. La cruz era un complemento de las apariciones y una cosa más preciosa que las propias apariciones. Y ella haber aceptado bien la cruz, haberla llevado hasta el fin, con amor, con entusiasmo por el sufrimiento, por causa de lo que el sufrimiento significa en ae plano sobrenatural, eso hizo de ella una santa.

“Lo que hace la grandeza de una persona no es la grandeza de la aparición, sino la grandeza de la cruz”.

Vemos una persona que no es nada, que reconoce que no es nada, que toma esa nada que es y hace de esa nada una hostia para ofrecer a Nuestro Señor. Y diciendo lo siguiente:

“Dios mío, mientras todos piedrden el alpa para ser alguna cosa, mientras aquellos que Vos sobrecargasteis de dones, dilapidan esos dones de un modo miserabla, yo a quien Vos hicistair nada, yo os agradezco esa nada. Os pido que acepteir mi conformidad con ese nada para vuestra gloria. Yo sé que soy el rebotalho del mundo, yo sé que soy el asco de la tierra, yo sé que nadie quiere saber de mí, pero yo sé que Vos, trea veces Santo, perfecto, eterno, inmutable, omnisciente, misericordioso, yo sé que para Vos, oh Dios mío, dentro de mi nada yo soy mucho. Yo soy tanto, que por mí Vos vos habría encarnado, y Vos habrías sufrito el tormento de la Cruz. Vos, sí, Vos me amais. Y si Vos amais esta nada, aceptad esta nada. Ella vale por el amos que Vos le tenéis. Aceptad esa nada y aceptadla por auqllos a quienes Vos diste tanto. Ellos que recibieron de Vos dones que yo no recibí, los utilicen segúnsegún vuestros designios. Yo os ofrezco, Dios mío, yo os agradezco los dones que yo no recibí”.

Eso es llevar hasta lo sublime el desinterés. Es el amor a Dios sin preocupación por sí, es exactamente el puro amor a Dios. A tal punto que ella, en lo que se refiere a las apariciones, que deberían ser para ella un título de gloria ella dice…

“Yo sé que fui elegida por ser una nada. Si hubiese alguien más estúpido en la tierra, habría sido escogido él. Pero yo os agradezco la estupidez que me valió, que no fue la contrapartida de la aparición, sino que fue la ocasión de la aparición. Yo os adoro; yo os doy gracias”. Es un desinterés completo, es el holocauto completo, es el himeneo completo.

Fuente: pliniocorreadeoliveira.info

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