¿Será una réplica de la Providencia al subversivo “cambio de paradigma”?

Las tendencias del ser humano vienen cambiando hace siglos.

En la moda, en las costumbres, en el lenguaje, y hasta en el pensamiento. Siempre en un mismo sentido mostrado por la Revolución gnóstica e igualitaria, cuyo comienzo fue la Revolución Protestante, seguida por la revolución Francesa laica e igualitaria, y continuada por la Revolución Comunista, requintada por el anarquismo de Gramsci y la Sorbona.

El que no las acompaña es siempre llamado “atrasado”.

Para sorpresa de muchos, ciertas tendencias están siendo invertidas actualmente.

En la medida que ese giro se da, alcanza al hombre entero, pues en su cerne está la Iglesia Católica.

Ese giro en las tendencias acaba de ser analizado por Henri Tincq en una entrevista a la revista Le Point.

Colaborador regular de Slate y de Le Monde des Religions, Tincq es uno de los grandes troveros del “catolicismo progresista” (actual vanguardia del comunismo) y estudioso de otras religiones. Él acaba de publicar el libro La Grande Peur des Catholiques de France – El gran miedo de los católicos franceses (Grasset, París, 208 pp).

Coherentemente con su posición doctrinaria, en esa obra él da un gemido de alerta contra “la tentación conservadora“, que ellos llaman reaccionaria, que se ve difundirse en la Iglesia Católica, cuya extensión lo lleva a “no reconocer más a mi iglesia” (la progresista, socialista, sindicalista y contestataria).

El catolicismo revolucionario de Tincq fue responsable por el más tremendo cambio de paradigma sucedido en la historia de la Iglesia, generando en Francia políticos y sindicalistas de izquierda. Su equivalente uruguayo está articulado en la izquierda católica y en el Frente Amplio.

Cambio de paradigma es un término académico aplicado con toda propiedad a los bamboleos religiosos registrados desde 1965. Se podría hablar también de Revolución Cultural, por su paralelismo con la revolución de mayo del 68, o con la revolución de Mao Tsé-Tung para borrar el pasado cultural chino. No falta quien la identifique con la estrategia postulada por el doctrinador comunista Antonio Gramsci.

Tendencia conservadora

Henri Tincq lamenta que Francia se mueva hoy en un sentido que lleva a los jóvenes a abandonar el mundo laico democratizado y procurar en la Iglesia católica los valores seguros de la Fe. La procuran en su autenticidad, en la Iglesia dicha “conservadora” y/o “tradicionalista”.

Los jóvenes observados por Tincq no están en las CEBs (Comunidades Eclesiales de Base) o movimientos equivalentes. Ellos participan de manifestaciones contrarias al aborto y al llamado “casamiento” homosexual. Y lo dejan por eso angustiado, pues la conferencia Episcopal Francesa – junto con la mayoría de su clero “moderno” con edad arriba de los 75 años y sus seminarios vacíos o siendo cerradosno osa contradecir ese giro.

La realidad francesa cambió: atentados terroristas islámicos, ingreso asustador de inmigrantes, pérdida de la identidad cultural y religiosa, soberanía nacional amenazada por la Unión Europea.

Todo eso, entretanto, viene siendo sustituido por un rechazo de la hegemonía cultural y moral de la izquierda, iniciada en mayo de 1968, así como del laicismo militante contrario a los símbolos católicos.

Ciertamente Tincq se habría quedado aún más deprimido, si hubiese leído en el sitio web de la Unisinos, (universidad brasileña) el llanto progresista por el aumento en el Brasil de los inadecuadamente rotulados de “catolibanes”. O aún el reportaje “Los jóvenes que no gustan del Papa Francisco“, donde consta esta afirmación de un obispo brasileño: “No conozco un único seminarista que guste de él [del Papa].

El autor del reportaje subraya que “el catolicismo audaz y progresista del Papa” está cada vez más “cortado de esa parte de la Iglesia”.

Apetencia por el catolicismo auténtico

Las vocaciones monásticas tradicionales se multiplican; el movimiento de vuelta a las liturgias “extraordinarias” (anteriores al Concilio) crece, las devociones tradicionales son retomadas.

Una de las preocupaciones de Tincq es saber si el cambio de paradigma del Papa Francisco sería un fenómeno aislado de la popularidad mediática dentro de la Iglesia.

Tal vez se pueda encontrar en la declaración del periodista Paulo Germano, en el citado artículo de la Unisinos, donde registra que casi tuvo “un ataque cardíaco” al oír de un sacerdote progresista, especializado en juventud, que el rechazo al cambio de paradigma crece no sólo entre los sacerdotes sino “también en los movimientos jóvenes, con laicos indignados con la recepción de Francisco a los divorciados y homosexuales“. Y agrega: “Él es muy respetado en sectores más laicos de la sociedad. Dentro de la Iglesia, la popularidad es mayor entre los más viejos. Los jóvenes […] lideran la retaguardia, el atraso, el anacronismo”.

En Roma, cardenales militan por el fin del “desorden” creado por el cambio de paradigma y anhelan por el retorno a las leyes y doctrinas claras. Tincq teme que el actual pontificado “acabe volviéndose un fuego de paja, un paréntesis en la historia de la Iglesia moderna.

Los católicos no esconden más que están esperando que se dé vuelta la página“.

Pero parece que Tincq clama en el desierto, cuando indaga: “¿Dónde están las grandes voces episcopales, los intelectuales católicos de renombre [obviamente progresistas o subversivos] que otrora deban el tono en los medios de comunicación y en el escenario político?

Se trata, claro, de activistas revolucionarios franceses que estuvieron en la moda, equivalentes europeos de obispos rojos” como Donn Helder Câmara, Don Pedro Casaldáliga, o el Cardenal Don Paulo Evaristo Arns; y de activistas laicos como los que fundaron y dirigieron el PT [Partido de los Trabajadores], muchos de los cuales están hoy presos o procesados por corrupción.

El periodista y vaticanista francés sabe que esos activistas no atraen más una buen parte de la juventud.

Mejor aún, si alguien intentar hablar en el mismo sentido, no encontrará eco entre los fieles. Lo que lleva a creer en un profundo cambio, con vistas a preparar una parte de la opinión pública para recibir gracias vinculadas a las promesas de Nuestra Señora de Fátima en la Cova da Iria: el reinado del Inmaculado Corazón de María.

Fuente: abim

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