SÍNODO de la AMAZONIA – (2)

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Iglesia ecológica amazónica DISPENSA la REDENCIÓN. Los únicos pecados serían
la catequización y la civilización

Como comentamos en materia anterior, la periodista holandesa Jeanne Smits, a pesar de muy conocedora de los más oscuros meandros del progresismo y del ambientalismo radical, se quedó pasmada al ver las propuestas avanzadas del Documento Preparatorio del Sínodo de los Obispos para la Asamblea Especial para la Pan-Amazonia (que se realizará en octubre de 2019).

Ese Sínodo tendría en vista la «conversión pastoral ecológica» para una nueva interpretación de la religión católica que acaba dando en lo contrario del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Prosiguiendo en el análisis de las observaciones de la periodista, verificamos que Jeanne subraya la total ausencia de la noción de la Salvación, básica en el cristianismo, hasta en sus versiones más distorcionadas.

Se afirma que no hay pecado, a no ser las desigualdades entre los hombres, el capitalismo, la propiedad privada, el agronegocio, la alteridad de los seres, la familia monogámica, el sacerdocio jerárquico, la ley moral objetiva, etc., etc.

En la utopía de la «iglesia pan-amazónica» esos pecados serían eliminados.

El raciocinio es simplista: si en la vida ecológica-tribal no hay pecado, no hay necesidad de Redención ni de Salvación.

Si no se precisa de Salvación, ¿para qué sirve el Sacrificio del Calvario del Divino Redentor?

Lo que se llama verdadera salvación – descubre la periodista holandesa en el Documento del Vaticano – consistiría en la «concientización de la realidad según las percepciones paganas pre-cristianas, fuertemente impregnadas de prácticas espiritistas y, por lo tanto, diabólicas, típicas de los hechiceros, maestros, wayangas o xamanes que pretenden comandar la naturaleza invocando fuerzas sobrenaturales»

Jeanne cuenta que su padre oyó de un misionero holandés en tierras remotas el relato de la incesante hostilización por parte de un brujo local – equivalente al «hechicero, curandero, wayanga o xamán – alabado por el Documento Preparatorio.

Aquel brujo exhibía poderes sorprendentes: cambiaba de lugar de manera incomprensible; el misionero se alejaba, navegando por el río, y lo reencontraba en el lugar de llegada.

¡Y siempre el brujo insultándolo copiosamente en el dialecto de la región de Brabante, Países Bajos, donde el sacerdote nació!

El religioso no tenía ninguna duda: los poderes del brujo estaban legados al demonio. El ángel de las tinieblas percibía lo que perdería en el caso en que los indígenas  se convirtiesen.

Ahí se ve para dónde parece rumbear la «nueva evangelización» fantaseada por la Iglesia pan-amazónica.

Pero las preocupaciones de los articuladores del Sínodo de 2019 vuelven con el obsesivo realejo contra el orden civilizado, próspero y dinámico, descrito de modo tendencioso, como si sólo tuviese defectos, sin mencionar que los mismos son corregibles:

«En la selva amazónica (…) se desencadenó una profunda crisis, debido a una prolongada intervención humana en la cual predomina la `cultura del descarte`(Laudato Si, 16) y la mentalidad extractivista», afirman.

«La Amazonia, una región con rica biodiversidad, es multiétnica, pluricultural y plurirreligiosa, un espejo de toda la humanidad que, en defensa de la vida, exige mudanzas estructurales y personales de todos los seres humanos, de los Estados y de la Iglesia», sostienen (no 2, id. ibid).

De esa diatriba, Jeanne extrae la consecuencia lógica no sólo para la región, sino también para el mundo entero:

«Será necesario cambiar el mundo entero, y hasta la Iglesia de Cristo; y en gran escala, porque el texto no esconde que la Amazonia es un modelo ejemplar, y que lo que es bueno para ella va a ser bueno para el planeta», escribe.

En pocas palabras, todos nosotros deberemos ser empujados a una vida tribal ecoligista-tribalista marcada por la infelicidad, el dolor y la carencia. Y nuestra vida civilizada deberá ser extinguida.

La periodista escoge un ejemplo del Documento Preparatorio, entre muchos otros, y que son repetidos.

«¿Cómo podemos colaborar en la construcción de un mundo capaz de romper con las estructuras que sacrifican la vida y con las mentalidades de colonización para construir redes de solidaridad y interculturalidad?» (no 4, id. ibid).

Sí, se trata de «romper con las estructuras » de hoy en día, con nuestra vida cuotidiana, con nuestro bienestar, con nuestro progreso, con nuestra cultura, para sumergir en la utopía de una selva virgen y bienhechora, a la verdad inhóspita y llena de males latentes y reales.

La mencionada «interculturalidad» sólo excluye la cultura cristiana, y sólo admite – explica la autora – la «admiración sin límites de la visión de la naturaleza según los indios de la Amazonia».

El documento no suministra ninguna explicación de lo que es que esa «visión de la naturaleza según los indios de la Amazonia», a pesar de decir que son muchas etnias y «culturas».

La omisión y las alusiones idílicas insinuadas de la vida indígena – a la verdad de un sufrimiento sin límitesno proviene de los indios, sino de utopistas radicales al estilo de Jean-Jaques Rousseau, que conducen al mundo a un desastre mayor que el empujado por el utopista suizo.

Si esa meta fuere conseguida, las naciones limítrofes de la Amazonia desaparecerán del concierto de las naciones civilizadas. ¿Y qué será entonces de cada uno de nosotros, civilizados y cristianos?

Fuente: ecologia-clima-aquecimento

Continúa en próxima materia:

El materialismo de la Iglesia ecológica amazónica deja atrás a Karl Marx

 

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